STALKER, EL ACECHANTE, LA FALTA DE FE

por el Señor X

Introducción

  • Si tuvieras un deseo, cuál podría ser.
  • Qué te puedo decir, no sabría que decirte. Antes… yo no deseaba nada, no tengo ningún sueño, y si lo tuviera no se haría realidad. Yo solía soñar, hacer planes, pero nada de eso sirvió y ahora no creo en nada. No volveré a pensar en eso, y no soñaré con nada nunca más.
  • ¿Crees en Dios?
  • No creo en nada ni nadie. Y no creo en ti tampoco.

Adam Curtis, director del documental HyperNormalisation (2016), del cual he extraído esta breve entrevista hecha a una mujer soviética en los años 70 mientras realizaba algunas labores domésticas, sintetiza el malestar general de una sociedad a la que no le importa nada, que se ha acostumbrado a las penurias como quien se acostumbra al mal sexo, a la mala comida, a las malas amistades, al mal clima, al mal en general, a la mediocridad; la costumbre de una vida vivida a medias. Para él, el escepticismo del pueblo soviético de finales de los años 70, a tan solo una década del declive absoluto de la unión – además de otros elementos del contexto político mundial de aquel momento, como el fin de la fantasía hippie y el nacimiento del extremismo islámico en el mundo árabe – marca el primer augurio de la debacle moral de nuestros días, el cataclismo de un mundo que ha dejado de sorprendernos… Que se atreva a venir Cristo por segunda vez para ver si nos importa. Que se atreva a aparecer el demonio con sus cachos y su tridente para ver si nos inmutamos ante ello. Que estalle el sol y que estalle la Tierra para ver si nos damos cuenta. No importa nada… En Canadá podrían escoger a un reno como primer ministro y no nos detendríamos realmente a analizar qué coños ha pasado. ¡El mundo ha muerto y no nos hemos dado cuenta! Permítanme suministrar este dosis de dramatismo barato por un momento, se los pido. Un acontecimiento demasiado grande ha sucedió en Bogotá esta semana y por ello he querido analizar el estado del mundo. Se ha presentado en salas de cine, gracias al festival IndieBo, en pantalla grande, restaurada y con el mejor sonido posible, Stalker (1979) de Andrei Tarkovski, la mejor peor película de la historia, o la peor mejor película si se quiere, o simplemente la mejor, o la peor… nada importa. El estado del mundo es este: ya no hay mundo, ya nada importa. Este pobre texto, que nada vale, que nadie debería leer, será el testimonio de mi fe en la falta de fe. He visto a Dios nuevamente y ya no le he creído. Ya no hay espacio para ti en este mundo, hermano Andrei: nos hemos ido a la re-contra mierda.

No por casualidad, Curtis se vale de Stalker y del texto en el que se basa, Roadside Picnic (1972) de los hermanos Strugatski, para darle forma a su teoría sobre la híper-normalización – término nacido en la Unión Soviética, a propósito – y dilucidar las causas de nuestra falta de contacto con el mundo de la política y de las finanzas, de nuestra torpeza democrática y nuestro absoluto desinterés por un mundo que, como he dicho, se ha ido a la mierda. En la película de Tarkosvki el mundo también se ha ido a la mierda. Todos han perdido la fe, nadie sabe qué hacer consigo mismo. Todo el mundo está buscando respuestas a preguntas jamás hechas. Todo el mundo ha perdido el norte, el sur, el piso, el cielo. Todos flotan como globos errantes. Solo uno, probablemente el último de los hombres de esperanza, sigue de pie, atado al mundo: el acechante, Stalker. Este hombre ha puesto toda su fe en la Zona: el conjunto de una topografía que varía y se comporta como una gran arena movediza, como un gran espejismo que se introduce en sus visitantes para hacerlos dudar de sus pasos. Una isla en el mundo intervenida por presencia extraterrestre, que se ha vuelto la obsesión de miles de ilusos que van a allí esperando encontrar el sentido de sus vidas, recuperar algo de su persona o cumplir sus deseos más añorados. Esa tal Zona es la falsa profecía del señor, su espejismo materializado. O puede que la Zona no sea absolutamente nada más que una trampa construida mentalmente por el hombre; puede que simplemente sea la vida misma. Lo cierto es que la Zona es especialmente importante para Stalker, quien convencido de que puede curar las penurias de sus hermanos humanos, los lleva allí para ayudarlos, para aliviarlos, batallando consigo mismo, con sus propios quebrantos de fe. Ojalá existiera tal Zona en el mundo real. Ojalá yo pudiera hacer tal viaje sin propósito para hallar el sentido de la vida, el corrompido orden que nos une y nos mantiene juntos en este mundo muerto. Ojalá pudiera encontrar a Stalker, pedirle que me guíe. ¡¡¡Señor, por favor, llévame a la Zona!!!

Un pequeño diálogo

“Es siempre a través de una crisis espiritual que uno se cura. Una crisis espiritual es el intento de encontrarse uno mismo y de adquirir una nueva fe” (1993, p. 192)

Oh!, hermano Andrei, el tiempo de la crisis ha pasado. La crisis se ha vuelto nuestra normalidad. Qué nueva fe ha de ser hallada si todas las posibilidades de cambio han sido agotadas o ignoradas para siempre. Si toda esperanza ha sido removida por la comodidad de los productos, de los ricos productos que infestan nuestra vida infeliz, los ricos productos que comemos, que vestimos, que usamos, nos aplicamos, leemos, oímos, nos embadurnamos, botamos, reciclamos, vomitamos, aspiramos, conducimos, volamos, tripeamos… Toda nuestra fe ha sido volcada enteramente en ellos y sus gestores: los mercados y su eterna inestabilidad, su enigma sin descifrar. Quién carajos en este mundo entiende a los mercados. Quién se atreve a dudar de ellos. Nuestra esperanza ha sido puesta en ellos sin más posibilidad de retorno que el desastre. Ahora lo comprendo: si ha de existir una Zona como la de Stalker en nuestro mundo, esa sería la inhóspita topografía de los mercados. Ellos rigen el mundo y representan la vara con la que medimos nuestras posibilidades, nuestra mediocridad.

“La libertad significa aprender a exigirse a uno mismo, no a la vida o a los demás, y el saber cómo dar: sacrificarse, pues, en nombre del amor” (1993, p. 182)

Oh!, hermano. Ese es precisamente el sacrificio que hace la única mujer que aparece en tu película. La esposa de Stalker accede con dolor a que este la deje de tanto en tanto para visitar la Zona. Accede a su abandono esporádico, cíclico. Accede a criar sola a la hija enferma que le ha dado. Ama profundamente, con intenso dolor, la labor de su marido, su altruismo inocente, su esperanza en los hombres. Ella es la encarnación del amor sacrificado, del amor incondicional, la única esperanza que Tarkovski ha vislumbrado para sanar el mundo. Pero para eso ya tampoco hay espacio en este mundo, hermano. El amor doloroso no vale la pena. Lo hemos domesticado y digerido en un amor cómodo, dulce, tierno, fácil, ocioso, sin compromiso, sin sufrimiento. Esa figura del amor incondicional, el amor que implica sacrificio y dolor, ha desaparecido en nuestros días:

“El amor se positiva hoy para convertirse en una forma de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables (…) Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída” (2014, p. 25).

Son palabras de Byung-Chul Han, quien ha diseccionado la pereza del mundo, la muerte del amor, hermano.

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Tu idealismo se ve hoy tan ingenuo, tan pueril. Has muerto joven y bien has hecho, porque el mundo se ha quedado demasiado chico para ti. Es el tiempo de los magnates, de la grandilocuencia, del resplandor de la mugre, de la falsa verdad y la verdad falsa, de lo express, de lo instantáneo, de las soluciones rápidas, de las no-soluciones, de la normalización de los problemas. El tiempo de los trenes bala y los edificios kilométricos. El tiempo de las ciudades fálicas. Es el tiempo del héroe-bufón, del soberano-bufón, del bloguero, del instragramero, del twittero, del facebookero,  del youtuber: nuestras nuevas figuras de autoridad y respeto, nuestros ídolos, nuestros santos, vacas sagradas que nos dan leche dulce y caliente cada día; qué sería del mundo sin ellos. Como he dicho antes, es también el tiempo de los mercados, de su rotundo silencio. El tiempo de la fe en la falta de fe. No es el tiempo del amor, ni de Dios, ni de ti, Tarkosvki. Nadie cree ya en tu búsqueda de la dignidad humana, en tu búsqueda de la felicidad.

Stalker finaliza con el retorno de estos tres hombres a su punto de partida. Su retorno de un viaje en el que no han hallado nada, en el que se han revaluado sus vidas, sus miedos, pero del que no han aprendido nada. Solo los ha sorprendido la incrédula obstinación de esta mujer que ama con tanto dolor y devoción a su esposo, a cambio de su malograda indiferencia hacia ella. Solo nos abruma su sacrificio, esa cosa indecible, vedada, oculta en los días que corren. La labor del acechante ha sido en vano. Ha guiado a estos hombres a la luz y ellos no la han visto. Aunque te empeñes en decirlo, en afirmarlo, hermano, tu esperanza también se alcanza a diluir: el amor sorprende fugazmente, luego se desvanece.

Por otro lado, yo tampoco he logrado ver dicha luz, hermano, ¡Señor! ¿Dónde se halla la luz? ¿Qué debo esperar de ella? ¿Qué hay que hacer para ser digno de ella si en realidad no me importa? ¡Solo quiero salir del atolladero, Señor! ¡Pero a la vez quiero vivirlo un poco más! Estoy tan cómodo, tan a gusto, tan infeliz, tan protegido y dolido a la vez. La verdad es que me invade la culpa. Ni siquiera puedo mostrar mi rostro para escribir esto, no puedo revelar mi nombre. Tengo tanto miedo de ser descubierto. He difamado tantas veces de ti en el pasado, hermano Andrei. Te he llamado aburrido y coñazo. He aparentado no captar nada de lo que haces cuando en realidad me has tocado el corazón. Espero algún día tener el valor de dar la cara, pero por ahora firmo este texto miserable como lo que soy, el Señor X.

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A propósito, para el curioso o el sapo, Stalker se proyectará nuevamente hoy sábado a las 9:15 p.m. en el Centro Comercial Avenida Chile. Ya no debe haber boletas, pero igual, nada importa ya.

 

Bibliografía

  • Han, B. (2014) La agonía del Eros. Raúl Gabás (Trad.)
    • Barcelona: Herder Editorial, S.L.
  • Tarkovski, A. (1993) Esculpir el tiempo. Miguel Bustos García (Trad.)
    • México DF: Universidad Nacional Autónoma de México

Publicado por encarrete

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