Trabajé en una institución educativa rural en la bella región del Urabá Antioqueño como monodocente de grado primero. Este territorio, como muchas otras regiones, ha sido azotado por años y años de violencia.
En mi proceso de formación como psicóloga leí algunos casos en donde los derechos de los niños eran violentados. Aunque leer esto te genera malestar, no dejan de ser casos lejanos. En las noticias ves situaciones de maltrato a los niños pero no los sientes tan cercanos, no los alcanzas a dimensionar hasta que no tienes la oportunidad de trabajar directamente con chicos vulnerables a causa de la hostilidad del territorio. Interactúas con ellos y poco a poco sus pasiones se convierten en las tuyas. Entiendes sus miedos más profundos y, si tu sensibilidad te lo permite, logras que te duela lo mismo que les duele. ¡Ayayay! Qué dolor sentí en tantas ocasiones. Dolor de ver la desigualdad, injusticia e intolerancia. Dolor de la negligencia de algunos “cuidadores”. De saber que estos seres merecen el mismo amor que te brindó tu familia en esta etapa de desarrollo tan crucial en el ser humano, etapa en la que somos “esponjitas andantes” porque absorbemos absolutamente todo lo que nuestros sentidos perciben; esos primeros años de encuentro con el mundo. Pero si nuestro entorno no es protector o no es el ideal: ¿qué absorbemos?
Me encontré con niños que crecen sin los mínimos cuidados que deberían tener. Como resultado de este panorama recibí un grupo niños ansiosos, irritables, con un alto grado de frustración, inseguros, agresivos. Un reflejo del ambiente que se percibe en este lugar y que me confirmó que estos niños son “esponjitas”, espejos andantes de una desgarradora realidad.
Al llegar cuestioné mi rol en este lugar: no puedo cambiar esta realidad, ¿qué hago? Así que me propuse aprender, con las nuevas personitas que estaba conociendo, a enfrentar esta hostilidad. Sabía que era mejor si lograba cautivarlos con lo que más les gusta a edad (6 – 11 años), el medio por el cual tienen más habilidad de comunicarse: el arte. En este camino empezamos a descubrir herramientas que nos podían ayudar a lidiar con este peso, hacernos más liviana la carga emocional, desenredar la maraña de una psique que oprime nuestro pecho, que hace grises nuestros días y que atormenta nuestros sueños.
Al llegar tenía la idea de enseñar por medio del arte y el juego a mis futuros alumnos ya que yo misma había experimentado sus beneficios mi vida. La arte-terapia guía esa oportunidad y esa urgencia continua de ayudar a las personas a reconectarse con el sentido y con el disfrute de sus vidas. Por esta razón soy una persona que cree en el poder del arte como mecanismo liberador al despertar la consciencia.
Al llegar a Encarrete no tenía excusa para no integrar la poderosa herramienta de la arte-terapia con la creación audiovisual y las artes escénicas. En 2017 desarrollamos el proyecto Traza tu Cuerpo (cuya segunda fase se viene ejecutando desde hace unas semanas) se ha consolidado como una propuesta líder en el trabajo con niños, niñas y adolescentes en torno a temáticas como el reconocimiento de la identidad, la comunicación asertiva, la empatía por la diferencia, el fortalecimiento de vínculos afectivos, entre otras.
A través del arte se ha construido una metodología sólida que ha generado un gran impacto en las comunidades educativas con las que hemos trabajado. Pero es en la localidad de Los Mártires donde se ha consolidado nuestra propuesta, siendo acreedores de dos estímulos distritales en la modalidad de “Beca iniciativas culturales juveniles para fortalecer la prevención de la maternidad y la paternidad temprana”.

Actualmente ejecutamos la propuesta Traza tu Cuerpo en colegios de la localidad, donde abriremos un espacio para madres, padres, cuidadores, niños, niñas y adolescentes para fortalecer los vínculos afectivos a través de las artes, la creación audiovisual y la técnica de stop motion.
Te invitamos a ser parte de Traza tu Cuerpo los sábados de 9:00a.m. a 1:00p.m desde el 31 de agosto en la Subdirección Local de Los Mártires. Da clic aquí.
Sandra Olmos Zamudio
Psicóloga