Por Juan Sebastián Díaz
Dos recién egresados de cine deciden emprender un proyecto empresarial para la creación de sus propios productos cinematográficos. Dos jóvenes inmaduros, que a pesar de estar a punto de recibir su grado, desconocían el sector y cargaban consigo un sueño mucho más grande que sus propios cuerpos. Un sueño que se convertiría en desaire y era cada vez más inverosímil para ellos y su entorno. Una empresa que iba a llevar un nombre, solo como excusa para encubar proyectos cinematográficos que pedían a gritos un hogar. Un proyecto empresarial que dejaría de ser una simple excusa para la creación personal y pasaría a ser un proyecto de vida.
A esta empresa la llamaron Encarrete. Para ellos era extraño haberse encontrado con la posibilidad de tener un nombre a secas, tan representativo dentro de la industria. Se acercaron a la cámara de comercio y sacaron su razón social. Ahora la duda era: ¿una empresa para qué? Pues su inexperiencia era tal que, antes de pensar en un proyecto empresarial, decidieron embarcarse en la creación de la misma. ¿Qué expectativas tendrían? ¿Qué los hizo tomar este camino? Nada más que la búsqueda de un hogar para sus propios proyectos cinematográficos que tampoco llevaban un interés más allá de su propio ego de cineastas.
Todo estaba estructurado tras un largometraje de ficción, La Tumba de las Flores, película que aún se encuentra en etapa de desarrollo y que actualmente lleva el nombre de Cenizas. Era Encarrete, sin duda, una excusa para la producción de un proyecto más allá de su misma razón de ser. Para entonces ellos no sabían ni cómo mover una película en la industria, ni como sostener una empresa. No tenían más allá de los recursos técnicos y creativos que les había dejado un pregrado. Parecía la tumba de dos proyectos: la película y la empresa.
De repente los caminos de ambos encarretados se dividió. La tumba de las Flores fue seleccionada en varios laboratorios de guion a nivel nacional y uno de ellos tuvo que emprender varios viajes para fortalecer el proyecto a nivel creativo mientras el otro, en Bogotá, emprendió la producción de su primer cortometraje documental: Le Parché (2015), dirigido por Alberto Ploquin, joven francés que llegaba a Colombia en busca de historias y con deseos de hacer su película. Este proyecto suscitó una insignia en Encarrete; fue la primera vez que nos enfrentamos a un público con un proyecto cinematográfico bajo la insignia de la empresa. En ese momento surgió una necesidad de hablar desde lo social, desde la población, desde las necesidades reales del entorno. Ya dejábamos de pensar los proyectos como las medallitas que queríamos recolectar para forjar un lenguaje audiovisual personal y comenzamos a hablar desde la comunidad, desde los intereses reales de la población.
Paralelo a esto, el proyecto de La Tumba de las Flores había regresado de viaje con más preguntas que respuestas, tanto así que en ese punto pasó a llamarse Fantasmas de ceniza. Estaban inmersos en tantas ideas y recomendaciones de asesores que decidieron empezar un trabajo de investigación para fortalecer el guion. El resultado de ese proceso fue la producción de dos cortometrajes documentales: Irina (2016) e Inventario (2019), además de otros proyectos paralelos como Diálogos de la Ceniza, proyecto documental en etapa de desarrollo y Sin intermediario (2019) proyecto de video-performance realizado en la región del Magdalena Medio. El largometraje había sido hasta entonces el camino tormentoso por el cual habían transitado una serie de proyectos que habían culminado en una pregunta que hasta el día de hoy nos seguimos haciendo y que va más allá del proyecto en sí mismo: ¿Qué es Encarrete? Tal vez tras una chanza, un suspiro o una anécdota nos hemos dado cuenta que Encarrete es algo más que una simple empresa. Somos nosotros mismos, como una marca personal: nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestros sueños como cineastas que encontramos a través de las poblaciones y las comunidades.
Pues bien, a pesar de que hayamos encontrado en este tiempo un lenguaje común en los proyectos desde lo social, también nos hemos perdido en esta búsqueda. Pero siempre ha habido una escapatoria, un lugar de anclaje, la cuna o el origen. Encarrete ha sido hasta hoy el espacio de adaptabilidad de dos jóvenes realizadores con sueños empresariales. Han prestado servicios para todo tipo de productos audiovisuales que hoy no volverían a realizar, pero de no haberlo hecho jamás habrían encontrado cuál era su razón de ser. A su vez han realizado proyectos con un propósito claro y han podido recorrer distintos escenarios a nivel social y audiovisual. Sin duda, estos proyectos han sido la casa para aprender y probar. Mucho más de lo que pudieron haber aprendido en un pregrado universitario.
Actualmente Encarrete produce sus propios proyectos y es espacio para fortalecer a otros realizadores que se encuentran en esa búsqueda desde la producción y la dirección. Un espacio para fortalecer las necesidades de otros. Somos una alternativa para empezar a soñar. Somos el hogar de aquellos que no han tenido un hogar, pero que con determinación llegarán lejos. El hogar de los estrellados, el hogar de los perdidos. El hogar para abrir tu mente y enfrentarte a la realidad sin dejar de ver el horizonte de tus propios sueños. Encarrete les ha dado fuerza a estos dos encarretados para ser fieles a sí mismos sin necesidad de caer en las exigencias de la industria.
Si quieres aprender con nosotros y fortalecer tu proyecto cinematográfico no dudes en contactarnos. Déjanos ser tus aliados y proyectar tus sueños a nuestro lado.