HABLAR DESDE LA LUZ: bitácora de creación

Por: Natalia Viteri

Desde la luz, del latín –AbluxAb(desde) lux(luz). Así es como decidí nombrar mi pseudónimo, mi nombre para mostrar mi obra como fotógrafa.  A veces es mejor no usar el propio nombre, ese que nos fue dado y que ahora es tan inherente que nuestra identidad queda atada a sus letras; la ilusión de libertad creativa es mayor. Así que ahora la pregunta es: por qué Ablux.

Luz. No hay imagen sin luz, no hay cine sin luz. Cuando se habla de luz se entiende que la luz hace alusión a la visibilidad, a una connotación del “bien”, de “lo bueno”, y  lo opuesto de la oscuridad, de la penumbra y de “el mal”, entendiéndose “el mal” en un sentido bíblico.  Mi luz en estos años ha sido la fotografía y la fotografía ha sido mi cura más efectiva contra la depresión. Me mantiene presente y lejos de la oscuridad, lejos de todos mis demonios.  Aunque  me sienta rota, perdida o en el abismo hay una luz intermitente que siempre me trae de vuelta, como un faro en alta mar. Durante los últimos años la fotografía se convirtió en mi principal medio de expresión en el cual me permití ser vulnerable. Así es como nace Vulnerables, un proyecto que reflexiona desde la imagen, el cuerpo como lugar de transformación, de expresión, de intimidad y de representación.

Hace 5 años empecé a tomar estas fotografías con el ánimo de crear imágenes que pudieran representar la emoción a través del cuerpo. En ese momento estudiaba cine, tenía una cámara y quería crear imágenes, usar la fotografía como un diario personal para expresar al igual que con las palabras, todo lo que guardo dentro. Pero descubrí que no solo necesitaba la cámara sino también buscar una mirada y enfocarla.

Mi camino como fotógrafa  ha sido empírico, lo he ido descubriendo poco a poco, primero en el audiovisual y luego la curiosidad me ha ido empujando a seguir experimentando con la creación de imágenes. En este camino me he encontrado con el retrato como una forma de conocer al otro, un acercamiento a quiénes son o de dónde vienen. Pero al intentar descubrir a ese otro me di cuenta de que jamás había hecho esa exploración conmigo, no sabía cómo era la imagen que representaba, nunca me había visto a través de la cámara. Así que comencé a construir una especie de collage de autorretratos para conocer mi cuerpo a través del lente, reflexionar sobre su representación, primero como búsqueda de mi propia identidad y luego como una exploración.

En ese proceso las intenciones detrás de cada imagen y su resultado se han transformado significativamente. Cada año, las imágenes que creo mutan al igual que yo lo hago, se han transformado pasando de un cuerpo a otro, primero el cuerpo de las personas cercanas a mí y luego utilizando el mío propio. Ahora, 5 años después, reviso cada una de esas imágenes y me pregunto lo que tienen en común. Por qué el cuerpo y por qué el desnudo.

Año 2015. Cuando empecé a tomar las primeras fotografías tenía una imagen en mi cabeza de cómo las quería. En ese momento tenía la intención de representar por medio del cuerpo varias emociones. Invité a un amigo, le conté lo que quería y le interesó, así que con él y su cuerpo listos cuadré el espacio, saqué la cámara y empecé a ver en el cuadro qué composición quería lograr. Coloqué unas luces y esa interacción de luz y sombra me agradó como inicio. Fue una sesión muy fructífera. Salieron muchísimas fotos y muchas intenciones detrás de ellas, así que también su resultado fue caótico y desorganizado.

En estas primeras fotografías lo que más me llama la atención es la posición del cuerpo: un cuerpo contenido, tensionado, absorbido por las sombras.

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Viteri, Natalia (2015) Vulnerables. Proyecto fotográfico.

En otra serie de fotos este cuerpo se extiende y se acerca a la luz y ya no intenta perderse en esa oscuridad sino que pelea por salir de ella. Las extremidades se extienden e intentan llenar el espacio.  Luego el cuerpo se integra con estos dos elementos  e interactúa con ellos dentro de la escena y es esa interacción la que le da vida a la composición.

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Año 2018. Inicié con los autorretratos. Tomé una fotografía frente a un espejo cada día durante 1 mes, simplemente como un registro, como una prueba física de ese día.

Al revisar cada una de las fotos me di cuenta de que en cada una tenía una expresión distinta. En unas ocultaba mi rostro y solo dejaba al desnudo mi cuerpo, en otras ocultaba mi cuerpo y me enfocaba solo en mi rostro, un poco triste y serio. En otras me veía mucho más expresiva, dejando ver mi rostro y mi cuerpo totalmente desnudos y, según la posición de mis brazos o de mi rostro, se puede inferir si estaba cómoda o no. Sin siquiera intentar representar nada con mi cuerpo, mi mirada y la posición de mi cuerpo delataban lo que sentía.  Y ahora, 5 años después,  al ver estas imágenes puedo tener un recuento de esos momentos, puedo recordar lo que sentía, aunque en unas fotos no puedo reconocerme. Es mi imagen pero solo puede reflejarse mi yo de ese momento específico. Solo puede reflejar lo que yo quise dejar ver, así que no soy yo realmente lo que quiero retratar sino ese momento específico.

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En este sentido, el expresionista alemán Otto Dix (que tantas veces se retrató a sí mismo) decía que los autorretratos son las confesiones de un estado interior: “Ahí no hay objetividad, sólo transformación incesante; un ser humano tiene muchas facetas. El autorretrato es la mejor manera de estudiarlas”. Así que puede tener sentido el que no logre reconocerme en ninguno de esos autorretratos, aunque sean mi imagen y mi cuerpo los representados.

Cuando fotografío intento seguir mis instintos, no le doy demasiadas vueltas a lo que quiero decir. Claro que parto de una base, que a veces puede ser  una imagen en mi cabeza, otras una idea o una frase, y me dejo llevar por eso, como mi guía. Más tarde, cuando tengo las imágenes, las analizo, me pregunto por qué lo he fotografiado, qué quiero decir y la imagen me da la respuesta. Hay una colaboración, una especie de intercambio entre mi obra y yo.

Así que cuando comencé a mirar las imágenes, tanto los retratos como los autorretratos que había fotografiado, me di cuenta de que todos tenían una cosa en común: la exploración del cuerpo, el cuerpo como eje principal para expresarse y representarse. Hay una búsqueda en cada imagen, una búsqueda de exteriorizar la ansiedad, el miedo y de exteriorizarme a mi.  Las imágenes son una especie de encuentro conmigo, un intento de materializar esa búsqueda de identidad, de representación, de mostrarme vulnerable, de mostrar mi espacio íntimo y privado y, de esta forma, cuestionar la imagen personal, no solo la mía, también cuestionar los imaginarios colectivos de belleza, esos estereotipos impuestos.

Con esto en mente, comencé a fotografiar a mi madre. Me embargó la inquietud de cómo ella concebía su cuerpo, de todas las prohibiciones que ella tiene con su cuerpo, de mostrarlo, de taparlo todo el tiempo, de “ese pudor” infundado. Empecé a reflexionar de dónde provienen todas esas prohibiciones, y por qué se ha reprimido tanto el cuerpo de la mujer.

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En las imágenes me di cuenta de que su cuerpo es muy parecido al mío; más bien, que yo heredé muchas de sus cualidades. Me sorprendió verme reflejada en algunas partes de su cuerpo y eso me causó mucha curiosidad. ¿Serán mis complejos con respecto a mi cuerpo heredados también de mi madre? ¿Serán todas esas prohibiciones frente a nuestros cuerpos pasadas de generación en generación, desde las primeras mujeres?

En este sentido el cuerpo se convierte así en nuestro primer espacio de rebeldía, de libertad, de autonomía y de expresión. Un territorio para romper con todas las imposiciones y opresiones de edad, talla, género y sexo.

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Publicado por encarrete

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