Pandemia: la cultura en crisis (I)

Por: Sergio Barón

Desde la abrupta interrupción de actividades de la revista Arcadia a mediado de marzo, anunciada junto al despido arbitrario de sus editores jefes, hemos visto cómo el virus y la pandemia han servido de excusa para desarmar a un sector cultural ya de por sí frágil y cómo la coyuntura ha revelado ciertas lecturas arcaicas de lo que el arte y la cultura deberían ser en medio de la crisis. El Grupo Semana, que desde que fue adquirido hace un año por Jaime Galinski —banquero puro— ha experimentado un viraje en sus políticas editoriales para favorecer las ganancias y hacerle el cuarto al gobierno nacional, se escudó asegurando que la decisión se debió a la crisis económica producida por la pandemia. Sin embargo, a través de declaraciones de quienes hicieron parte de la revista en los últimos años, se sabe que las tensiones en la publicación también se referían a desencuentros en la producción de sus contenidos y su rol en la opinión pública. No está demás decir que la revista Arcadia se mostró siempre escéptica de la economía naranja o que desde el inicio expresó las preocupaciones del sector por el cambio de dirección en el Centro Nacional de Memoria Histórica, por ejemplo. No es la primera vez que un medio cultural de carácter impreso es descabezado de esta forma en Colombia, pero en medio de la crisis actual este caso nos permite detonar un análisis de las falencias de una política pública de cultura que ha revelado sus intereses económicos, su comprensión del arte como un producto de consumo y su desdén por el pensamiento crítico.

Pocos días después del anuncio del desmantelamiento de Arcadia, el gobierno nacional lanzó un paquete de medidas de emergencia para ayudar al sector cultural. 120.000 millones de pesos —una parte de ellos distribuidos por los entes regionales— para garantizar, entre otros, la seguridad social de artistas y gestores culturales de la tercera edad o la ampliación de plazos de pago de parafiscales para eventos culturales. Además, han anunciado que se abrirán líneas de crédito a los empresarios que necesiten pagar sus nóminas. Sin embargo, algunas de las ayudas promocionadas para solventar la crisis, como lo son los Beneficio Económicos Periódicos (BEP), son recursos que ya existían para pagar la seguridad social de los profesionales pertenecientes a la tercera edad. Por otro lado, no queda claro cómo van a distribuir esos recursos los entes regionales (alcaldes y gobernadores) pues nada garantiza que sean invertidos en el sector cultural. Además, de qué sirve ampliar el pago de parafiscales a eventos públicos si estos ni siquiera se pueden realizar debido a las medidas de prevención para contener el virus. Finalmente, pedir un crédito a las entidades financieras en este momento no es más que una forma de distribuir la crisis a largo plazo haciéndole el favor a los bancos.

Pero el gobierno, que se jacta de ser progresista en materia de cultura con su discurso de la economía naranja, ha puesto en evidencia su poco interés por el sector con un último decreto, el 516 del 4 de abril de 2020. Este modifica la ley 12 de 1995 que estipula un mínimo de cuotas de pantalla para la producción nacional en los canales de televisión. De tal manera, el mínimo de 70% de contenidos nacionales que los canales de televisión debían cumplir para programar en sus parrillas pasa a ser de solo 20%. Una decisión arbitraria que desconoce las dinámicas del sector audiovisual en Colombia. Si bien es cierto que las producciones están detenidas en este momento, no se puede asumir que no hay suficientes contenidos nacionales para llenar las parrillas de programación. La reducción de la cuota de pantalla elimina una fuente de ingresos con la que muchos realizadores podrían contar en una crisis donde es imposible trabajar y producir nuevos contenidos.

El decreto en cuestión llegó a agudizar la crisis del sector audiovisual, que hace algunas semanas veía cómo se suspendían las convocatorias del Fondo de Desarrollo Cinematográfico, principal fuente de recursos para una gran parte de la producción cinematográfica del país y que se financia gracias a los ingresos en taquilla. En un comunicado, Proimágenes Colombia (entidad encargada de administrar el fondo) hizo saber que se están evaluando nuevas formas para apoyar el cine nacional. Mientras esto ocurría, estábamos atentos a la reunión del concejo nacional de cinematografía de la que se esperaba una respuesta certera sobre el futuro del fondo. Hace unos días se hizo saber que el fondo continúa, solo que herido. Se redujo el capital de inversión en más del 50% por lo que los proyectos premiados este año serán menos de la mitad de lo acostumbrado.

Frente a esto, habían sido varias las respuestas encontradas. Algunos defendían la permanencia de los estímulos del FDC para garantizar el futuro de la producción cinematográfica, mientras que otros defendían la decisión de suspender las convocatorias, argumentando que era una decisión responsable o que este era el momento de “compartir y no de competir” (son algunos de los comentarios que hemos leído en redes). Por nuestra parte, creemos que hubiera sido lamentable la cancelación del fondo este año pues implicaba negar un apoyo económico que es más que necesario en este momento, pero también porque podría sentar un precedente perjudicial para la insipiente industria audiovisual. Y es que si continuaba la producción cinematográfica sin los apoyos del FDC, quedábamos a la merced de una clase política negligente que podría entender al fondo como una fuente de recursos dispensable. Esa previsión pesimista podría verse refutada por la capacidad administrativa de Proimágenes, que en el pasado ha sabido velar por la producción cinematográfica en Colombia, pero la suspensión definitiva del fondo hubiera dado a entender que los paquetes de estímulos, que son lanzados sagradamente cada año en el FICCI, abren convocatoria sin contar aún con los recursos económicos que se prometen. Sin embargo, llama la atención que en los comunicados oficiales han hecho todo lo posible para no hacer uso de palabras como «reducción» o «recortes». Una forma de maquillar un fuerte golpe que genera dudas sobre la naturaleza de los recursos que se habían prometido y que finalmente que no se invertirán este año.

Más allá de esto, vale la pena cuestionarnos sobre los argumentos de quienes apoyaban la suspensión del fondo. Por ejemplo, ¿a qué tipo de responsabilidad se refieren los que defendían la suspensión? ¿Consideran que estos recursos deberían invertirse en materias más urgentes para detener el avance del virus? ¿Deberían otorgarse a los profesionales del medio que son más vulnerables? Efectivamente, el fondo destinará parte de los recursos como estímulos de emergencia a los que ellos consideran los más afectados por la crisis, las salas y los exhibidores. Pero hacer uso de los recursos para financiar otros aspectos de la crisis, como sugirieron algunos y conociendo las precarias condiciones del sector cinematográfico, resultaba por lo menos injusto para quienes nos dedicamos a esto a cambio de muy poco. Además, no había las garantías mínimas para que algo así ocurriera bajo este gobierno que ha aprovechado la crisis para favorecer a los bancos inyectándoles capital que un principio estaba destinado a los entes regionales. Una acción que ya levanta sospechas y que ha devenido en una sesión del control en el congreso en la que los bancos deberán explicar cómo están invirtiendo los recursos y dirimir las denuncias en su contra. Denuncias que también se le hacen a los políticos regionales y que pondrían en evidencia la malversación de los recursos públicos destinados a apoyar a la población para favorecer intereses particulares.

Por otro lado, algunos parecían estar a favor de eliminar el sistema competitivo del fondo por razones “humanitarias”. Compartir y no competir parece una consigan sensata, pero entroniza una forma de solidaridad contraproducente que ha surgido en estos días. Muchos de nosotros hemos querido compartir nuestras producciones para amenizar el confinamiento y entretener a la gente, pero detrás de esa solidaridad se esconde una cultura del trabajo gratis que atraviesa al sector audiovisual. Esta es la oportunidad perfecta para pensar nuevos mecanismos de distribución de contenidos, para romper la verticalidad con la que solemos consumir cine o para generar espacios de encuentro alternativos más allá de simplemente “compartir” cosas en Facebook. Deberíamos enfocar la discusión hacia nuevas plataformas de distribución, repensar el rol de la piratería en el sistema o proponer formas de economía solidaria como las que se han visto en el gremio de los libreros con la iniciativa “Apoyo mutuo”, la cual busca darle visibilidad a las pequeñas librerías y sellos editoriales. Es además, la oportunidad para que el sector reflexione sobre el mecanismo de operación del fondo y su forma de captar recursos. De acá en adelante, las plataformas digitales de distribución también deberían contribuir al fondo pues son estas las que más recursos están generando cumpliendo un rol que las salas han perdido.

También debería discutirse sobre el carácter competitivo del fondo pero no desde la postura simplista de denunciar la competencia salvaje, sino al poner en tensión sistemas de producción que el fondo prioriza desconociendo el hacer de muchos realizadores que, como nosotros, no se identifican con la clásica división de pre, pro y post, o que no requieren de un guion o un gran equipo de realización para hacer sus obras. En suma, discutir sobre los métodos de producción clásicos que el fondo premia. De lo contrario, si no ejecutamos esta discusión a fondo, lo único que podremos compartir es el hambre o la cuota del arriendo, si es que la solidaridad nos alcanza.

 

Apocalipsis digital: post-coronavirus

Ficciones de cuarentena
Parte II

Por: Juan Sebastián Díaz

Como lo hemos discutido en una anterior ficción, la forma en que vivimos se ha visto modificada por la llegada del coronavirus. Una intensa incertidumbre nos ha desvanecido y algunos de nosotros, quienes vivimos de “las artes” (si es que se puede vivir de esto), nos hemos encontrado en una posición de aparente inutilidad. Es en este lugar donde el artista se pregunta en mayor medida sobre sí mismo, sobre su función en un contexto apocalíptico o el lugar que ocuparía en una economía de guerra, como la llaman. Hay quien se pregunta: ¿para qué invertir en el arte o “la cultura” en un momento como este cuando existen prioridades verdaderamente importantes? Así he escuchado a más de uno por ahí en comentarios fugaces e infructuosos en Facebook. O a otros desesperados que ya no encuentran utilidad a su conocimiento. En su mayoría “artistas”, por supuesto; ese es el contexto en el que uno se mueve.

No nos podemos limitar a decir que nos hemos quedado sin caminos, porque si algo caracteriza a un artista es su capacidad de reinvención. Es en el encierro (uno no muy alejado del proceso creativo pre-pandemia), en el espacio reducido, donde deberían abundar las ideas y despertarse el espíritu creador. Es ahí, en ese lugar de desespero, donde el artista materializa su reinvención y sus ganas de suplir una necesidad en el público para luego hacer alarde de ella. En ese proceso es fácil caer en una mirada reducida de las exigencias de un contexto que necesita llenar los “vacíos” del aburrimiento y el tiempo muerto. Y si se mira en retrospectiva, ese es el rol que se le ha asignado desde tiempos inmemorables al artista, el de entretener y crear pasatiempos. Bajo esa lógica, vale la pena preguntarse: ¿qué debe hacer el artista en tiempos de coronavirus? Pues, llenar vacíos ajenos y combatir el aburrimiento de los demás. Decidimos ponernos en la tarea de transformar nuestra propuesta para llevarla a las redes y darle al público lo que desea. Instagram Live se ha vuelto la casa de los nuevos-reinventados-streamers-artistas quienes utilizan la plataforma como vitrina de su trabajo. Solo basta con entrar a Instagram para ver un sin número de “en vivos” que se nos ofrecen para escoger. Hay profesionales que nacieron con esa chispa, disfrutan haciéndolo y  lo convierten en parte de su mirada creativa. Pero, tal vez, uno no es el tipo de persona que utiliza su obra para llenar “vacíos” ajenos.

Es posible que desde allí se esté forjando una nueva economía de consumo, y no sería de extrañar. Por lo pronto, Encarrete sigue en la penosa búsqueda de esa suerte iluminación que nos promete la nueva era post-coronavirus, pues como bien saben ustedes, nuestro trabajo se había forjado a partir del contacto directo con la comunidad, el desarrollo colaborativo con distintas poblaciones históricamente marginadas. Para nosotros, si no hay contacto, no hay obra. Tal vez nos mudemos a otras formas de contacto distante y digital y en ese proceso esperamos no perder el horizonte. Por lo pronto, hoy parecemos un instrumento más de esos que tanto abundan en internet.

Ahora sabemos que gran parte de la audiencia se ha mudado a redes sociales, posiblemente para encontrar algo mejor que ver o consumir. Por nuestra parte, hemos hecho lo mismo. Buscamos acercar las personas a los artistas visuales, a nuevos creadores, a nuevos cineastas. Hace dos semanas comenzamos una prueba piloto de Encarrete como plataforma de distribución a través de nuestras redes sociales. Allí hemos presentado Le parché de Alberto Ploquin y Anzoátegui de Bibiana Rojas. Esperamos contar con otros trabajos para seguir forjando esta comunidad.

Encarretate en un próximo blog.

6 consejos para superar el bloqueo creativo

El confinamiento para prevenir la expansión del virus nos ha sorprendido a muchos en medio de la ya tradicional temporada de convocatorias. Otra forma de cuarentena por la que los profesionales de la cultura tenemos que pasar anualmente para arañar algo del escaso presupuesto público que se destina al sector. La competencia es despiadada —tal vez desequilibrada— y al final muchos nos quedamos con las manos vacías, pero eso es otro tema. El estricto encierro por el que pasamos en estos días nos puede jugar malas pasadas afectando nuestro rendimiento o capacidad de concentración para redactar nuestros proyectos. Así que acá les traemos algunos consejos que nos han funcionado en el pasado para combatir el bloqueo creativo.

1. Identifica tu hora más productiva: todos tenemos distintas formas de distribuir el tiempo, distintas rutinas y distintas etapas del día en las que somos más productivos. Lo ideal es que logres identificar qué parte del día es en la que estás más concentrado o en la que tienes más energía para que la aproveches al máximo. Al hacerlo establecerás una rutina propia que te ayudará a distribuir mejor tú tiempo.

2. No seas tan rígido: dicho lo anterior cabe recordar que esas rutinas que establecemos no deberían ser estáticas. Exigirse demasiado en el cumplimiento de un horario o ser demasiado rígidos podría afectar tu creatividad. Si te fijaste una meta y no la cumpliste no te distraigas fustigándote o forzándote a recuperar el tiempo perdido sin la energía necesaria para lograr tu cometido. Tu proceso creativo te dirá cómo aprovechar el tiempo que has establecido para trabajar pero también te alumbrará el camino sorpresivamente, lo que nos lleva al siguiente consejo.

3. Mantente atento: si la inspiración te llega de sorpresa, inesperadamente, no la dejes ir. Deja lo que estés haciendo y ponte a escribir. Muchas de las mejores ideas pueden llegar en los sueños, antes de dormir o en momentos en los que estamos totalmente relajados. Si eres afortunado y ese momento de iluminación te sorprende, ponte a trabajar.

4. Valora tus apuntes: a veces los proyectos comienzan como una maraña de apuntes en una libreta. Esos apuntes o ideas aisladas pueden ser de gran valor a la hora de redactar el documento oficial de tu proyecto. Allí hay imágenes que podrías aprovechar, conceptos que podrías explorar, bocetos o palabras que podría detonar algo poderoso en el proceso creativo y desbloquearlo si es que hace falta; volver al origen de tu proyecto puede re-encausar el camino. De paso te recomendamos tomar apuntes de todo lo que creas importante o de todas las ideas que te apasionen, pues en el ejercicio de plasmar algo que está en tu cabeza la espontaneidad del apunte es el primer paso.

5. Propón soluciones: es indispensable reconocer el origen del bloqueo por el que pasas. Puede ser un aspecto concreto de proyecto, la redacción de alguno de los documentos que te piden en la convocatoria, decidir qué dejar por fuera y qué no, cómo estructurar los elementos que lo componen, etc. Al hacerlo podrás proponer opciones que te permitirán solucionar lo que te impide seguir adelante. Anota esas posibles soluciones sin la aspiración de llegar a la perfección y juega con ellas. Recuerda que estás en una etapa inicial del proyecto y es acá donde puedes proponer lo que te venga en gana. Lo que nos lleva a…

6. No te censures: en el proceso de formular un proyecto —y la verdad es que en todas sus etapas— solemos censurar nuestras propias búsquedas pensando en lo que los demás pensarán de ellas. Sí, es cierto que aplicar a una beca de creación implica un gran ejercicio de auto-exposición, y es cierto que estamos presentando un producto a un jurado, pero más allá de eso te invitamos a que no seas tu propio juez todo el tiempo. En muchas ocasiones ese es el origen del bloqueo. Lo importante es que pruebes y falles hasta que estés lo más satisfecho posible. De hecho, este consejo podría aplicar para todas las etapas de tu proyecto.

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Del virus a las imágenes

Ficciones de cuarentena

Por: Juan Sebastián Díaz

El virus nos ha puesto en jaque. Nuestro lugar como especie se ha quebrantado, delimitado, transformado. Lo que hasta hoy habíamos normalizado, los impulsos sociales, el contacto físico, la cercanía entre individuos, se ha limitado a su mínima expresión, como si fuéramos desconocidos: a la distancia. Puede que lo único que nos quede de estos momentos sean recuerdos de las imágenes y sonidos que nos dejan  los 24 o 30 cuadros por segundos de archivos en dispositivos analógicos y digitales. «¿Recuerdas cómo era el mundo antes del virus?» pueden ser las palabras que escuchemos después de varias semanas o meses de confinamiento. Pondremos un casete, un dvd, abriremos un archivo en el computador, en el celular, observaremos y escucharemos con nostalgia. Tras el dispositivo, imágenes y sonidos de un pasado poco valorado y que ahora nos pone en un futuro distópico, absurdo y mediático.

Cada vez que encendemos nuestros dispositivos lo primero que encontramos es un número creciente de personas contagiadas. Pero en el confinamiento esto parece un mal menor. A pesar del dolor colectivo que nos provoca el caos económico y social, nos hemos encontrado con nosotros mismos. Nuestra parte más humana parece florecer a través del miedo. Empezamos a valorar nuestra salud física, nuestra salud mental, el hecho de estar vivos y la vida de quienes nos rodean, como si supiéramos cuál puede ser el desenlace mortífero de esta historia, como una premonición. Es la lucha en contra de una barbarie a la que preferimos acercarnos de a poquitos y no de tope.

Miramos al exterior, desde la ventana: un computador, un celular. El contacto se ha limitado a través de vitrinas que se materializan en los aparatos tecnológicos. Nos vendemos como productos digitales de rápido y fácil alcance.  Las redes se han llenado de intentos por digitalizar nuestro trabajo: clases online, teletrabajo, streamings, «en vivos». Esto será lo que perdure en nuestro confinamiento y poco a poco lo iremos desarrollando como estilo de vida. La salida para muchos que somos privilegiados, que conocemos las tecnologías, que estamos listos para hacer el tránsito. Por supuesto no será la solución para todos. ¿Será entonces la extinción de una especie? Por lo menos, como la conocemos hasta ahora, sí. Surge como una mala ficción cinematográfica o como una nueva realidad propuesta por internet con su llegada.

Habíamos digitalizado todo (¡absolutamente todo!) pero nunca realmente a nosotros mismos. Ahora nuestros abrazos y besos serán digitales. Nuestra relaciones se habrán visto cruelmente transformadas y buscaremos revivirlas a través de una imagen, un sonido, un meme, un gif. Habrá que liberarnos de nosotros mismos, de nuestros propios pensamientos aún análogos, para distraer nuestra mente con entretenimiento digital-basura fácilmente consumible y desechable, como este escrito. Lo encontramos en redes, publicado por alguno de nuestros contactos, en una página, en un grupo o en búsquedas procesadas por nuestros propios pensamientos en Google, Facebook o Instagram. Dejaremos nuestra vida como la conocíamos y digitalizaremos absolutamente todo, hasta nosotros mismos.

La reinvención es aún más inminente en momentos de crisis. No sabemos cuando acabará y no nos queda más que hacerle frente. El virus nos puede matar pero no nos puede destruir. Nuestros cuerpos se irán descomponiendo en el confinamiento y nuestra imagen digital en un próspero renacimiento.

Ha llegado la hora de desempolvarnos, de reinventarnos.

 

Queremos que hagas parte de esto. Envíanos un video sin edición (grabado en horizontal) a produccionesencarrete@gmail.com en el que nos muestres tu realidad en tiempos del coronavirus (sin diálogos). No importa tu profesión, si tienes conocimientos en medios audiovisuales o no, queremos conocer tu vida transformada por este fenómeno. En el correo escríbenos tu nombre y tan pronto acabe la crisis lo subiéremos a redes sociales como un cortometraje experimental de creación colectiva.

Entre todos podemos registrar este gran momento de cambio en nuestras vidas.

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3 estrategias para financiar tu corto documental

¿Quién no se ha visto en apuros a la hora de encontrar recursos para hacer su corto? Tenemos una buena idea, un gran proyecto, y ¿el dinero? Debemos aprender a encontrarlo, ser creativos, innovar con nuestras estrategias, mirar más allá de los recursos ya conocidos. Por supuesto que no es tarea fácil pero aquí te traemos 3 estrategias que te podrían ser útiles a la hora de financiar tu corto documental.

1. Piensa tu corto como negocio: como lo hemos hablado en anteriores entradas de este blog, es necesario encontrar tu público objetivo. La base de todo negocio está en reconocer las necesidades de tu cliente y un corto no es excepción. Con tu público objetivo ya definido y conociendo sus necesidades, busca esos actores clave con los que puedas compartir públicos en común, provenientes de otras industrias, no necesariamente cinematográficas. Por ejemplo, si tienes una película dirigida al público adolescente pregúntate: ¿qué consumen esos adolescentes? ¿cuáles son sus hábitos? ¿por dónde transitan? y, lo más importante para esta etapa, ¿quiénes son los actores claves que estarían dispuestos a pagar para llegar a ellos? Pues bien, si tu proyecto genera comunidad tienes un alcance asegurado (cantidad de personas a las cuales vas a llegar) y si hay un propósito claro puedes ganarte la confianza de los actores de la industria, ya sean empresas, organizaciones sociales o instituciones gubernamentales. Lo más importante es encontrar los beneficios que ellos van a tener a la hora de invertir en tu corto. Recuerda que para convencerlos debe existir plataformas o canales de distribución. Hazte estas preguntas: ¿A cuantas personas vas a llegar? ¿Cómo vas a llegar a ellos? ¿Qué impacto vas a tener?  Recuerda que tu patrocinador requiere un mínimo garantizado, que tu propuesta sea viable, que sienta que su dinero va a estar bien invertido. Si el patrocinador siente que esta recibiendo más de lo que invierte, lo va a sentir como una gran oportunidad de apalancamiento. Recuerda que los recursos que solicitas a estos actores no necesariamente tienen que ser económicos, pueden ser recursos relacionados al producto o servicio que ofrecen, capacitación, materiales, etc.

2. Hagámonos visibles: la mejor manera de hacerte conocer en la industria es asistiendo a eventos. Suena obvio, pero buscar aliados para fortalecer tu proyecto es indispensable tanto a nivel creativo como financiero. Los eventos te conectarán con personas de la industria y estas personas pueden ser claves para fortalecer tu proyecto. ¡Tienes que estar con los ojos bien abiertos! Recuerda ser flexible con lo que buscas y ojo… !Escucha…! Como tú, hay personas que también están buscando fortalecer sus proyectos, ofreciendo sus servicios o posicionamiento en la industria. Mira de qué forma podrías colaborar.

Te recomendamos buscar aliados que puedan  estar a tu nivel o que tengan intereses relacionados a los tuyos. Para asociarte con una empresa productora o una persona debes conocer cuáles son sus intereses y sí ambos se verán beneficiados, sino no tiene ningún sentido. Antes de pedir, da soluciones a sus problemas, sus necesidades, vuélvete indispensable. Luego lanza la carnada y verás cómo se te abrirán las puertas para una coproducción, colaboración o una alianza.

3. Mira más allá de tu burbuja: las estrategias para financiar un corto documental pueden estar fácilmente relacionadas al impacto social. Obviamente no todo corto documental habla de temáticas sociales, sin embargo podrías partir con un proceso para el abordaje territorial desde la investigación, o cualquier otro resultado que pueda hacer parte de una etapa concreta del documental. Podrías buscar alianzas para conseguir recursos a cambio de ofrecer un procesos de desarrollo social con ciertas poblaciones o sectores de tu ciudad, fortaleciendo así el tejido social que te rodea y tu propio corto.

También podrías formular las etapas de desarrollo de tu pelicular en función de crear productos o resultados paralelos e independientes. Por ejemplo, Sin intermediario fue un video-performance de Encarrete realizado el año pasado y cuyo resultado aportó en gran medida a la investigación de Diálogos de la ceniza, un documental que actualmente se encuentra en etapa de desarrollo. Un proyecto más pequeño nos facilitó avanzar en el desarrollo del otro.

No solo busques recursos desde los fondos y becas de la industria audiovisual sino en otros lados. Si tu trabajo o tu proyecto está dirigido a una población en concreto, piensa cómo esa población puede verse beneficiada a nivel social con tu película, o cómo los puedes hacer participes del proceso. Busca ONG’s, colectivos territoriales o asociaciones. Si unimos fuerzas con otros sectores tu proyecto se verá fortalecido enormemente.

Si quieres recibir asesoría para tu corto documental, escríbenos tus inquietudes y mándanos tus preguntas al correo produccionesencarrete@gmail.com

Cuéntanos sobre ti y tu proyecto. Te estaremos escuchando.

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5 consejos para comenzar un corto documental

Tal vez algunos de estos consejos vayan en contra de lo que se espera de una producción cinematográfica pero la nuestra es una invitación a explorar el documental como una forma de libertad creativa que debe valorarse y defenderse. Una invitación a que encuentres tus propios métodos de creación e intereses.

  1. Ten cuidado con los consejos: primero que nada queremos invitarte a tomar todos los consejos que recibas con pinzas (incluso estos). En una industria cinematográfica donde lo que se espera de ti es foguear un proyecto hasta al cansancio para así mejorar su hoja de vida e incrementar sus oportunidades de financiamiento, lo más probable es que termines abrumado por la cantidad de comentarios, sugerencias y consejos que vas a recibir. Muchos de ellos te serán útiles pero habrá algunos que no te aportarán mayor cosa. Para eso te recomendamos prestar mayor atención a los consejos de personas que admires o cuya obra pueda ser una referencia para ti. Cuando te encuentres ante un posible asesor asegúrate de buscar qué tipo de proyectos ha hecho y cuáles son sus intereses cinematográficos. Parecerá obvio, pero solo así podrás saber quién es tu asesor y decidir hasta qué punto confiar en sus recomendaciones (en este caso te invitamos a que explores nuestra página para que te enteres del tipo de proyectos y búsquedas que nos caracterizan). Esto también implica delimitar y elegir los consejos que mejor se adapten a tu forma de trabajo. Y en caso de que no puedas participar en un evento con asesores, búscalos tú Busca sugerencias o feedback en compañeros que trabajen temas y formas similares a las tuyas. Sin embargo, lo más importante es que las asesorías que recibas de terceros no sacrifiquen tu instinto. Encuentra el punto medio entre tus intereses y los consejos que recibas.
  2. Haz bocetos: a nuestro modo de ver el documental permite un rango de acción creativa mayor al que ofrece un proyecto de ficción convencional. Usa ese rango de acción para hacer pruebas. Puedes combatir el estancamiento del proceso de escritura tomando fragmentos de los textos que tengas y reordenarlos como si fuera un rompecabezas. Puedes hacer pruebas de edición con material de archivo que se asemeje a las imágenes que tienes en mente. O si ya tienes material grabado no aspires a terminar todo el rodaje para iniciar la edición, crea secuencias y comienza a definir el estilo de tu película. En últimas, te invitamos perder el respeto por el esquema típico de la industria cinematográfica que divide claramente las etapas de producción en pre, pro y post. Tu posproducción podría comenzar durante el rodaje o puede que el guion que escribiste en la pre se transforme sustancialmente durante el montaje. Incluso, puede que los bocetos que hiciste durante la escritura terminen siendo parte del montaje final. Lo importante es que estos bocetos se mantengan fieles a tu intención principal y que sean coherentes dentro de tu película. Al final, si no te sirven, por lo menos habrás combatido el estancamiento.
  3. Encuentra el vínculo personal con tu documental: este consejo puede aplicar a todo tipo de proyecto cinematográfico. Encontrar el vínculo personal que te une al tema, personaje o imagen que quieres abordar te ayudará a delimitar intenciones y búsquedas cinematográficas. Al hacerlo podrás argumentar por qué tú y solo tú puede hacer este documental. Pero más importante aún, reflexionar sobre la intervención que estas a punto de emprender con el documental te permitirá encontrar la forma con la que te quieres relacionar con tus personajes y entornos sin caer en formas abusivas y violentas de filmar. En muchos casos, los mejores documentales son aquellos que exponen y desnudan sus dispositivos audiovisuales o en los que es palpable que los realizadores han hecho tal reflexión. Pero incluso si esta reflexión no aparece por ningún lado en tu documental, el haberla hecho podrá detonar nuevas búsquedas y recursos que enriquecerán tu proceso.
  4. Mantenlo simple: no nos olvidemos que estás haciendo un corto. A pesar de que el documental ofrece una cierta libertad creativa, la duración esperada de tu película cotejará tus búsquedas. A veces queremos hacer más de lo que el formato que hemos escogido nos permite. Si estamos haciendo un cortometraje tal vez sea mejor mantener búsquedas o dispositivos audiovisuales claros, básicos y sencillos. Lo importante es no abarcar más de lo que podemos hacer y recordar que una simple acción audiovisual puede ser la estructura de toda nuestra película. Si en algún punto esa búsqueda sencilla con la que partimos se convierte en un proceso mucho más complejo y sin embargo valioso, es posible que el nuestro no sea un corto sino un largo. Pero esto nos lleva a nuestro quinto y último consejo.
  5. Abraza la duda: así como el documental te ofrece una libertad creativa enriquecedora, también te ofrece más dudas e incertezas. Pero esto no debería ser una limitante en tu proceso. La duda debería hacer parte íntegra de la creación pues nos fuerza a cuestionarnos constantemente sobre lo que estamos haciendo y a ser más rigurosos con nuestras búsquedas e intereses audiovisuales. En realidad, todos los consejos anteriores están relacionados con esa apropiación de la duda como proceso creativo. Al permitirte explorar diversos recursos, al reflexionar sobre tu rol como creador, al mantener abierta la mayor cantidad de posibilidades (siendo coherentes con tu intención principal) estarás enriqueciendo tu documental. Incluso te invitamos a recorrer el camino de tu película sin estar del todo seguro de adonde te llevará. En suma, lo que te proponemos es un modelo de producción no tradicional que amerita ser considerado en una industria cinematográfica donde todo está delimitado desde el inicio y donde impera un paquete de reglas que parecen ser indispensables para hacer una película. No todas las películas deberían hacerse de la misma forma y puede que tu corto documental sea una excusa para encontrar tu propio estilo y método de creación.

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HABLAR DESDE LA LUZ: bitácora de creación

Por: Natalia Viteri

Desde la luz, del latín –AbluxAb(desde) lux(luz). Así es como decidí nombrar mi pseudónimo, mi nombre para mostrar mi obra como fotógrafa.  A veces es mejor no usar el propio nombre, ese que nos fue dado y que ahora es tan inherente que nuestra identidad queda atada a sus letras; la ilusión de libertad creativa es mayor. Así que ahora la pregunta es: por qué Ablux.

Luz. No hay imagen sin luz, no hay cine sin luz. Cuando se habla de luz se entiende que la luz hace alusión a la visibilidad, a una connotación del “bien”, de “lo bueno”, y  lo opuesto de la oscuridad, de la penumbra y de “el mal”, entendiéndose “el mal” en un sentido bíblico.  Mi luz en estos años ha sido la fotografía y la fotografía ha sido mi cura más efectiva contra la depresión. Me mantiene presente y lejos de la oscuridad, lejos de todos mis demonios.  Aunque  me sienta rota, perdida o en el abismo hay una luz intermitente que siempre me trae de vuelta, como un faro en alta mar. Durante los últimos años la fotografía se convirtió en mi principal medio de expresión en el cual me permití ser vulnerable. Así es como nace Vulnerables, un proyecto que reflexiona desde la imagen, el cuerpo como lugar de transformación, de expresión, de intimidad y de representación.

Hace 5 años empecé a tomar estas fotografías con el ánimo de crear imágenes que pudieran representar la emoción a través del cuerpo. En ese momento estudiaba cine, tenía una cámara y quería crear imágenes, usar la fotografía como un diario personal para expresar al igual que con las palabras, todo lo que guardo dentro. Pero descubrí que no solo necesitaba la cámara sino también buscar una mirada y enfocarla.

Mi camino como fotógrafa  ha sido empírico, lo he ido descubriendo poco a poco, primero en el audiovisual y luego la curiosidad me ha ido empujando a seguir experimentando con la creación de imágenes. En este camino me he encontrado con el retrato como una forma de conocer al otro, un acercamiento a quiénes son o de dónde vienen. Pero al intentar descubrir a ese otro me di cuenta de que jamás había hecho esa exploración conmigo, no sabía cómo era la imagen que representaba, nunca me había visto a través de la cámara. Así que comencé a construir una especie de collage de autorretratos para conocer mi cuerpo a través del lente, reflexionar sobre su representación, primero como búsqueda de mi propia identidad y luego como una exploración.

En ese proceso las intenciones detrás de cada imagen y su resultado se han transformado significativamente. Cada año, las imágenes que creo mutan al igual que yo lo hago, se han transformado pasando de un cuerpo a otro, primero el cuerpo de las personas cercanas a mí y luego utilizando el mío propio. Ahora, 5 años después, reviso cada una de esas imágenes y me pregunto lo que tienen en común. Por qué el cuerpo y por qué el desnudo.

Año 2015. Cuando empecé a tomar las primeras fotografías tenía una imagen en mi cabeza de cómo las quería. En ese momento tenía la intención de representar por medio del cuerpo varias emociones. Invité a un amigo, le conté lo que quería y le interesó, así que con él y su cuerpo listos cuadré el espacio, saqué la cámara y empecé a ver en el cuadro qué composición quería lograr. Coloqué unas luces y esa interacción de luz y sombra me agradó como inicio. Fue una sesión muy fructífera. Salieron muchísimas fotos y muchas intenciones detrás de ellas, así que también su resultado fue caótico y desorganizado.

En estas primeras fotografías lo que más me llama la atención es la posición del cuerpo: un cuerpo contenido, tensionado, absorbido por las sombras.

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Viteri, Natalia (2015) Vulnerables. Proyecto fotográfico.

En otra serie de fotos este cuerpo se extiende y se acerca a la luz y ya no intenta perderse en esa oscuridad sino que pelea por salir de ella. Las extremidades se extienden e intentan llenar el espacio.  Luego el cuerpo se integra con estos dos elementos  e interactúa con ellos dentro de la escena y es esa interacción la que le da vida a la composición.

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Año 2018. Inicié con los autorretratos. Tomé una fotografía frente a un espejo cada día durante 1 mes, simplemente como un registro, como una prueba física de ese día.

Al revisar cada una de las fotos me di cuenta de que en cada una tenía una expresión distinta. En unas ocultaba mi rostro y solo dejaba al desnudo mi cuerpo, en otras ocultaba mi cuerpo y me enfocaba solo en mi rostro, un poco triste y serio. En otras me veía mucho más expresiva, dejando ver mi rostro y mi cuerpo totalmente desnudos y, según la posición de mis brazos o de mi rostro, se puede inferir si estaba cómoda o no. Sin siquiera intentar representar nada con mi cuerpo, mi mirada y la posición de mi cuerpo delataban lo que sentía.  Y ahora, 5 años después,  al ver estas imágenes puedo tener un recuento de esos momentos, puedo recordar lo que sentía, aunque en unas fotos no puedo reconocerme. Es mi imagen pero solo puede reflejarse mi yo de ese momento específico. Solo puede reflejar lo que yo quise dejar ver, así que no soy yo realmente lo que quiero retratar sino ese momento específico.

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En este sentido, el expresionista alemán Otto Dix (que tantas veces se retrató a sí mismo) decía que los autorretratos son las confesiones de un estado interior: “Ahí no hay objetividad, sólo transformación incesante; un ser humano tiene muchas facetas. El autorretrato es la mejor manera de estudiarlas”. Así que puede tener sentido el que no logre reconocerme en ninguno de esos autorretratos, aunque sean mi imagen y mi cuerpo los representados.

Cuando fotografío intento seguir mis instintos, no le doy demasiadas vueltas a lo que quiero decir. Claro que parto de una base, que a veces puede ser  una imagen en mi cabeza, otras una idea o una frase, y me dejo llevar por eso, como mi guía. Más tarde, cuando tengo las imágenes, las analizo, me pregunto por qué lo he fotografiado, qué quiero decir y la imagen me da la respuesta. Hay una colaboración, una especie de intercambio entre mi obra y yo.

Así que cuando comencé a mirar las imágenes, tanto los retratos como los autorretratos que había fotografiado, me di cuenta de que todos tenían una cosa en común: la exploración del cuerpo, el cuerpo como eje principal para expresarse y representarse. Hay una búsqueda en cada imagen, una búsqueda de exteriorizar la ansiedad, el miedo y de exteriorizarme a mi.  Las imágenes son una especie de encuentro conmigo, un intento de materializar esa búsqueda de identidad, de representación, de mostrarme vulnerable, de mostrar mi espacio íntimo y privado y, de esta forma, cuestionar la imagen personal, no solo la mía, también cuestionar los imaginarios colectivos de belleza, esos estereotipos impuestos.

Con esto en mente, comencé a fotografiar a mi madre. Me embargó la inquietud de cómo ella concebía su cuerpo, de todas las prohibiciones que ella tiene con su cuerpo, de mostrarlo, de taparlo todo el tiempo, de “ese pudor” infundado. Empecé a reflexionar de dónde provienen todas esas prohibiciones, y por qué se ha reprimido tanto el cuerpo de la mujer.

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En las imágenes me di cuenta de que su cuerpo es muy parecido al mío; más bien, que yo heredé muchas de sus cualidades. Me sorprendió verme reflejada en algunas partes de su cuerpo y eso me causó mucha curiosidad. ¿Serán mis complejos con respecto a mi cuerpo heredados también de mi madre? ¿Serán todas esas prohibiciones frente a nuestros cuerpos pasadas de generación en generación, desde las primeras mujeres?

En este sentido el cuerpo se convierte así en nuestro primer espacio de rebeldía, de libertad, de autonomía y de expresión. Un territorio para romper con todas las imposiciones y opresiones de edad, talla, género y sexo.

Conoce más sobre este proyecto dando clic aquí

5 estrategias para elegir el target o público objetivo de tu película

Cuando hablamos del target nos referimos a un grupo de personas que por sus cualidades y características tiene un alto potencial o probabilidad de ser la audiencia de tu película. Para llegar a ellos debemos centrarnos en sus necesidades como si ofreciéramos un producto o servicio. Elegirlo y estudiarlo adecuadamente nos va a facilitar las cosas a la hora de conectar con la audiencia en una campaña promocional, a definir temas estilísticos dentro de la película, a generar engangement y a encontrar los escenarios adecuados para su distribución.

Dicho esto, las películas no son un ente aislado del mundo. Como cineastas o nuevos realizadores debemos recordar que nuestra película debe ir dirigida a alguien. ¿Quién es ese potencial consumidor al cual quiero llegar? Si no se elige de manera adecuada va a ser mucho mas difícil realizar una campaña promocional o llegar al grupo de personas quienes podrían conectar con ella. Es por eso que hoy traemos 5 estrategias para elegir el target o público objetivo de tu película.

1. Segmenta tu mercado

No es lo mismo realizar una película dirigida a un público adolescente que a un público ya mayor. Esa diferencia conlleva decisiones en temas de estilo, ritmo, forma, lenguaje o estrategias de promoción y distribución. Los gustos cambian igual que las plataformas. Es decir, es más probable llegar a una persona mayor por medios analógicos o estrategias de marketing tradicional que a través de medios digitales. Sin embargo, debemos tener en cuenta la adaptabilidad de la población a las nuevas tecnologías o particularidades como el que jóvenes de algunas regiones no tengan acceso a internet. También se pueden definir las audiencias por gustos: es muy diferente un público cinefilo a uno que no acostumbra a ir a salas y prefiere quedarse en casa viendo su película en Netflix. El comportamiento de la audiencia definirá la forma y los canales de promoción y distribución adecuados y a su vez añadirán valor dentro de su estilo.

Debemos tener en cuenta rasgos como el género (hombres, mujeres, ambos), edades (niños, adolescentes, jóvenes adultos, adultos mayores), lugar de residencia (por país, ciudad, región o continente) o características socioculturales.

2. No te olvides del target secundario

El género de tu película define un mercado que puede sentirse interesado en su consumo final. Por ejemplo, una comedia romántica puede contar con un público muy distinto al de un thriller o  al de una película de acción. Pero hay una característica adicional. Una comedia romántica podría ir dirigida a mujeres jóvenes y adultas pero su target secundario podrían ser personas que indirectamente terminarían pagando una entrada. En este caso serían las parejas de estas mujeres.

No todo es blanco y negro. Si aparte de diversificar nuestro público objetivo leemos a nuestro target secundario, probablemente entenderemos mejor a la audiencia de nuestra producción. En muchas ocasiones el target secundario puede ser influyente a la hora de tomar decisiones de ver o no una película.

3. ¿Qué hay de los movimiento sociales, ambientales y políticos?

Sabemos que la coyuntura política y social marca tendencias en ciertos momentos de la historia. En una época tan mediatizada como en la que vivimos, los discursos ideológicos son de vital importancia a la hora de definir nuestra audiencia. No es de extrañarse que actualmente se preste tanta relevancia a personajes femeninos o LGBTQ dentro de las películas. O que los premios Oscar, por ejemplo, estén incentivando una mayor participación de grupos minoritarios en sus actividades.

Entre más claro tengamos en nuestro discurso mejor sabremos qué fibras tocar. Los intereses temáticos de una audiencia nos dan la posibilidad de generar nichos. No es lo mismo una película feminista o con énfasis étnico que surja desde las protestas sociales contemporáneas a un retrato histórico de los mismos movimientos. Los intereses y temáticas van cambiando a lo largo del tiempo igual que sus discursos; esto segmenta de manera muy distinta a la población. La forma con la que abordemos estas temáticas en nuestra película será crucial a la hora de comprender cual es nuestra audiencia.

Esto también implica que debemos estar comprometidos de fondo con las causas que aborde la película, ya sean sociales, ambientales o políticas. La credibilidad es de vital importancia y si nuestro discurso ideológico no es un compromiso real sino una simple campaña de marketing nos estaríamos contradiciendo.

4. ¿Cuáles van a ser tus canales de distribución?

Es muy distinto el público que encontramos en una sala tradicional, a que se ve en los festivales de cine, al de la televisión o al que ve contenidos en plataformas VOD. Si conocemos las plataformas de distribución a las cuales queremos llegar podemos definir un público objetivo similar al que sería el consumidor final de nuestra película. Si pensamos nuestra película para ser distribuida en festivales, en algún canal de televisión o en ciertas salas, debemos conocer el tipo de contenidos que se consumen en esas plataformas y su respectiva audiencia para así determinar un estilo y un lenguaje acorde al target al que aspiramos llegar. De esta forma aumentamos las probabilidades de encontrar canales de distribución.

5. Benchmark como herramienta de análisis de datos

Por medio de Benchmark podemos encontrar el target de nuestra película. Esta es una herramienta de marketing que nos ayuda a identificar un segmento de mercado ideal al comparar nuestra película con otras similares. También nos ayuda a recopilar datos como fechas de estreno, circuito de festivales, mercados y resultados de taquilla de esa película que se parece a la nuestra.

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Encarrete como escape a la libertad

Por Juan Sebastián Díaz

Dos recién egresados de cine deciden emprender un proyecto empresarial para la creación de sus propios productos cinematográficos. Dos jóvenes inmaduros, que a pesar de estar a punto de recibir su grado, desconocían el sector y cargaban consigo un sueño mucho más grande que sus propios cuerpos. Un sueño que se convertiría en desaire y era cada vez más inverosímil para ellos y su entorno. Una empresa que iba a llevar un nombre, solo como excusa para encubar proyectos cinematográficos que pedían a gritos un hogar. Un proyecto empresarial que dejaría de ser una simple excusa para la creación personal y pasaría a ser un proyecto de vida.

A esta empresa la llamaron Encarrete. Para ellos era extraño haberse encontrado con  la posibilidad de tener un nombre a secas, tan representativo dentro de la industria. Se acercaron a la cámara de comercio y sacaron su razón social. Ahora la duda era: ¿una empresa para qué? Pues su inexperiencia era tal que, antes de pensar en un proyecto empresarial, decidieron embarcarse en la creación de la misma. ¿Qué expectativas tendrían? ¿Qué los hizo tomar este camino? Nada más que la búsqueda de un hogar para sus propios proyectos cinematográficos que tampoco llevaban un interés más allá de su propio ego de cineastas.

Todo estaba estructurado tras un largometraje de ficción, La Tumba de las Flores, película que aún se encuentra en etapa de desarrollo y que actualmente lleva el nombre de Cenizas. Era Encarrete, sin duda, una excusa para la producción de un proyecto más allá de su misma razón de ser.  Para entonces ellos no sabían ni cómo mover una película en la industria, ni como sostener una empresa. No tenían más allá de los recursos técnicos y creativos que les había dejado un pregrado. Parecía la tumba de dos proyectos: la película y la empresa.

De repente los caminos de ambos encarretados se dividió. La tumba de las Flores fue seleccionada en varios laboratorios de guion a nivel nacional y uno de ellos tuvo que emprender varios viajes para fortalecer el proyecto a nivel creativo mientras el otro, en Bogotá, emprendió la producción de su primer cortometraje documental: Le Parché (2015), dirigido por Alberto Ploquin, joven francés que llegaba a Colombia en busca de historias y con deseos de hacer su película. Este proyecto suscitó una  insignia en Encarrete; fue la primera vez que nos enfrentamos a un público con un proyecto cinematográfico bajo la insignia de la empresa. En ese momento surgió una necesidad de hablar desde lo social, desde la población, desde las necesidades reales del entorno. Ya dejábamos de pensar los proyectos como las medallitas que queríamos recolectar para forjar un lenguaje audiovisual personal y comenzamos a hablar  desde la comunidad, desde los intereses reales de la población.

Paralelo a esto, el proyecto de La Tumba de las Flores había regresado de viaje con más preguntas que respuestas, tanto así que en ese punto pasó a llamarse Fantasmas de ceniza. Estaban inmersos en tantas ideas y recomendaciones de asesores que decidieron empezar un trabajo de investigación para fortalecer el guion. El resultado de ese proceso fue la producción de dos cortometrajes documentales: Irina (2016) e Inventario (2019), además de otros proyectos paralelos como Diálogos de la Ceniza, proyecto documental en etapa de desarrollo y Sin intermediario (2019) proyecto de video-performance realizado en la región del Magdalena Medio. El largometraje había sido hasta entonces el camino tormentoso por el cual habían transitado una serie de proyectos que habían culminado en una pregunta que hasta el día de hoy nos seguimos haciendo y que va más allá del proyecto en sí mismo: ¿Qué es Encarrete? Tal vez tras una chanza, un suspiro o una anécdota nos hemos dado cuenta que Encarrete es algo más que una simple empresa. Somos nosotros mismos, como una marca personal: nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestros sueños como cineastas que encontramos a través de las poblaciones y las comunidades.

Pues bien, a pesar de que hayamos encontrado en este tiempo un lenguaje común en los proyectos desde lo social, también nos hemos perdido en esta búsqueda. Pero siempre ha habido una escapatoria, un lugar de anclaje, la cuna o el origen. Encarrete ha sido hasta hoy el espacio de adaptabilidad de dos jóvenes realizadores con sueños empresariales. Han prestado servicios para todo tipo de productos audiovisuales que hoy no volverían a realizar, pero de no haberlo hecho jamás habrían encontrado cuál era su razón de ser. A su vez han realizado proyectos con un propósito claro y han podido recorrer distintos escenarios a nivel social y audiovisual. Sin duda, estos proyectos han sido la casa para aprender y probar. Mucho más de lo que pudieron haber aprendido en un pregrado universitario.

Actualmente Encarrete produce sus propios proyectos y es espacio para fortalecer a otros realizadores que se encuentran en esa búsqueda desde la producción y la dirección. Un espacio para fortalecer las necesidades de otros. Somos una alternativa para empezar a soñar. Somos el hogar de aquellos que no han tenido un hogar, pero que con determinación llegarán lejos. El hogar de los estrellados, el hogar de los perdidos. El hogar para abrir tu mente y enfrentarte a la realidad sin dejar de ver el horizonte de tus propios sueños. Encarrete les ha dado fuerza a estos dos encarretados para ser fieles a sí mismos sin necesidad de caer en las exigencias de la industria.

Si quieres aprender con nosotros y fortalecer tu proyecto cinematográfico no dudes en contactarnos. Déjanos ser tus aliados y proyectar tus sueños a nuestro lado.

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Residuos de un inventario: el montaje como una inquietud siempre abierta

por Sergio Barón

Con motivo de la realización de un encuentro al que fui invitado para hablar sobre el proceso creativo de Inventario, cortometraje que realicé el año pasado, quise volver ver a sus primeras pruebas y cortes. Este documental disecciona una serie de imágenes de archivo halladas en internet sobre Blanca Díaz y el asesinato de su hija Irina. Un inventario que se propone hallar lo que ha sido ocultado por el montaje, lo que yace en los márgenes, lo que no se ha dicho de estas vidas —según reza la sinopsis—.

Al verlas de nuevo surgió un proceso creativo que no logré reconocer. Vi esos primeros cortes y no recordaba haberlos hecho. Sin embargo, revisitar ese proceso que ahora parece ajeno responde a un interés que me ha asaltado últimamente. Con frecuencia encuentro más potente el proceso creativo de una obra que su resultado final. Me atrae la idea de poder presenciar algo no acabado, que en su condición de non finito pueda perfilar diversos horizontes; algo que permanezca abierto para siempre. Esto no solo implicaría una consulta de los borradores o bosquejos de una obra, sino la reutilización de los materiales de los que está hecha. Abordar el proceso creativo como una forma de reciclaje en la que un material pueda tener diversos usos o pueda valer para abordar distintas nociones. Aunque en el caso concreto de las imágenes que estoy a punto de abordar es posible que ese reciclaje sea más una pulsión que me obliga a verlas una y otra vez. Un sentido de la responsabilidad que conlleva mí vínculo con ellas y que me moviliza a seguir trabajándolas. Este es, entonces, un proceso de revisión que quisiera disponer las imágenes lo más lejos posible de la noción de montaje final que rige a la producción audiovisual y que en cambio se propone asumir el montaje como una inquietud siempre abierta. Es con ese espíritu, y con el de exponer las opacidades del proceso creativo de Inventario, que volví a ver las siguientes imágenes.

 

Sin embargo, vuelvo a ese fragmento porque durante una gran parte del proceso de montaje la escritura en pantalla fue el recurso que usé para comentar las imágenes. No recuerdo hasta qué punto estaba convencido de que el montaje final sería construido en torno a esa voz que aparece escrita pero que no se oye. En ese momento estaba empecinado en no usar mi voz. Tal vez el siguiente fragmento de una idea de lo que ese recurso se proponía formular.

Hay allí una idea que no logré articular. En principio quería apropiarme del recurso de escritura en pantalla que en la mayoría de los archivos cumplía la función de contextualizar el caso de Blanca resumiéndolo en un puñado de datos importantes —este fragmento inicia con una secuencia de Irina (2016), primer documental que realicé con Blanca—. Mi intención era criticar ese recurso a través de su uso excesivo, dotarlo de mi punto de vista, romper esa supuesta objetividad con la que era usado. Sin embargo, el archivo con el que termina este fragmento presenta una dicotomía que, como he dicho, no logré revelar. En él se combinan el uso de una voz humana y del texto escrito en pantalla. Pero, ¿qué dice una y qué dice el otro? La voz de ese hombre desconocido narra los acontecimientos concretos del caso de Blanca e Irina, a la vez que da pistas de una postura que solo termina de formularse con el texto que aparece al final del archivo, como si la cadencia de la voz humana temiera la enunciación de una toma de postura más radical; una suerte de pudor que le reserva la sentencia final a la palabra escrita.

Solo ahora me doy cuenta de que esa ambivalencia, ese pudor, es análogo al que yo mismo experimenté en el proceso creativo de Inventario. Si bien es cierto que la decisión de mantener la escritura en pantalla como hilo narrativo del documental pudo haberse justificado después de una par de rodeos, en un punto del proceso de montaje se hizo evidente que era una búsqueda testaruda que enquistaba aún más el pudor que me impedía hacer uso de mi voz —una puerilidad, por decir lo menos—.  Eventualmente me di cuenta que este corto debía ser narrado en primera persona y para ello el uso de mi voz era indispensable. En el primer corte que se hizo aparece esa urgencia. 

Al principio creí importante ponerme delante de la cámara. Era una forma de cuestionar el anonimato que firma los archivos, donde las imágenes surgen como el producto de una institución sin rostro, o donde el autor se las arregla para ocultar su mano de obra, su intervención, queriendo hacer de las imágenes un testimonio rotundo y veraz. Pero era también una forma —tal vez ingenua— de emular la experiencia de Blanca, su urgencia por ponerse delante de una cámara para comunicar su caso. Lo que para ella es un ejercicio fundamental y a la vez rutinario en su activismo político, para mi resultó ser un ejercicio de auto-exposición profundamente violento e incómodo. Sin embargo, un ejercicio por el que debía pasar ya que, en gran medida, este documental es también un ejercicio de autocrítica. Me di cuenta, al revisar una y otra vez esos materiales de archivo, que había cometido los mismos abusos y ejercido la misma violencia audiovisual que quería criticar en las imágenes. Esa auto-exposición fue, entonces, una manera de hacer justicia sobre las imágenes que había producido y sobre la intervención que me empeciné en ocultar.

Por otra parte, la decisión detrás de ponerme en escena en mi cuarto, que también era mi oficina, era hacer eco de la noción de montaje de la que se alimentó este proceso. Una noción proveniente de Harun Farocki, quien comprara el ejercicio de montaje cinematográfico con la labor del burócrata: un individuo que, encerrado en su oficina, dota de sentido una serie de expedientes y archivos aislados formulando —sin proponérselo— una dramaturgia del mundo. La intención era mostrar mi espacio de montaje como la oficina del burócrata. Desistí de ello al darme cuenta que era un ejercicio meramente cosmético y decorativo. En el corte final esa búsqueda se tradujo en una comparación entre mi espacio de trabajo, intervenido por los mapas de edición del corto, y el de Blanca, intervenido por la presencia constante de los archivos que componen la memoria de su hija.

Volviendo a la secuencia inicial de ese primer corte, quisiera reparar en una búsqueda que también fue desechada pero que me sigue inquietando desde entonces. El documental iniciaba con una secuencia que aspiraba a ser una suerte de prólogo pero que no se articulaba con el resto del montaje. Era una secuencia en la que quería emular la intención original del documental: buscar entre esta montaña de informes, datos, reportajes, archivos audiovisuales, la particularidad de Blanca y de su caso, una imagen más de Irina. Probablemente de haber seguido indagando en esos documentos y mediciones oficiales —indagaciones que en su momento me abrumaron y que se diluyeron en otros intereses— habría terminado con otro documental. Uno en el que este caso sería narrado a través de las versiones oficiales de los informes y las cifras en las que cabe el caso de Irina.

La inquietud por ese documental jamás hecho permanece abierta. Es por eso que ahora me enfrento a un nuevo proceso de creación que se dio gracias a la escritura de este texto y que parte de una imagen que en su momento fue desechada. Uno de los informes que consulté al inicio del proceso de Inventario ofrece una tabla en la que se enmarcan algunas cifras de la violencia en el departamento de La Guajira: el índice de muertos en masacres entre los años 2000 y 2006. Irina fue asesinada en mayo de 2001, año en el que, según las cifras, 36 personas murieron en 6 masacres en el departamento. Esto me lleva a detenerme sobre algo que he pasado por alto todos estos años. Irina no fue asesinada sola. Entre los números que engrosan esas cifras se escoden los nombres de otras jóvenes que, según me cuenta Blanca, aún no han sido reportadas ante los registros oficiales de víctimas del conflicto armado pero que fueron violadas, torturadas, asesinadas y desaparecidas junto a Irina. Según ella, otras madres han preferido no denunciar sus casos ante el temor por las intimidaciones que han recibido de autoridades y grupos armados de la región. Por lo tanto estas jóvenes no parecen en ninguna imagen y en ningún registro. No hemos visto sus rostros. No hemos oído sus nombres. De ellas solo conocemos estos números.

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