ARCADE FIRE / EVERYTHING NOW

El 20 de enero de este año, día de la inauguración presidencial en Estados Unidos, Arcade Fire rompía un silencio musical de dos años para dar a conocer una nueva canción que se convertiría en una respuesta frontal a la elección de Donald Trump. I give you power es un tema hecho en colaboración con la legendaria cantante de rhythm and blus y soul Mavis Staples, quien brinda a la canción su poderosa e icónica voz en un coro que grita: “I give you power, but I gotta be free”. Win Butler, líder de la banda, dijo al ser revelada la canción que esta representaba un acto contra la impotencia y un llamado a los actos individuales para combatir la zozobra. A pesar de esto, Butler declaró que la presencia de esta canción en el nuevo álbum de la banda no estaba garantizada, lo que generó aún más dudas sobre la naturaleza del más reciente trabajo discográfico de la banda de rock independiente más importante de los últimos diez años.

Hace menos de 48 horas, tras varios meses en lo que hemos conocido uno a uno sus sencillos, salió a la luz Everything Now, el 5º álbum de estudio de la Arcade Fire. Efectivamente I give you power no ha pasado el filtro de la banda para ser parte del álbum pero será recordada como una canción creada con el único propósito de abofetear el sinsabor de uno de los días más extraños de los últimos años.

Fieles a su estilo y su forma de creación, Arcade Fire ha construido un álbum en torno a un mega tema, un concepto o un estado de ánimo que lo atraviesa transversalmente y que ha dictaminado su estilo visual en estos meses. Everything Now hace referencia directa al mundo corporativo y al consumo en exceso de contenidos digitales, problemas que critican o sobre los que reflexiona de forma satírica – este es sin duda su álbum más satírico hasta el momento– y que asumen como estandarte de creación, lo que se refleja a su vez en una propuesta audiovisual y un contenido web para el que se han ingeniado una corporación ficticia que lleva por nombre el título del disco y que se resume en las siglas EN. Pero más allá del concepto teórico o discursivo del álbum, que por más interesante que sea debe ser descubierto por ustedes mismos, nos interesa su nueva postura musical. Un sonido que no traiciona su estilo pero que, frente a los álbumes anteriores, parece desacelerar el ritmo y la intensidad en favor de una onda más relajada, cool y setentera que en ocasiones nos recuerda a ABBA o Blondie. Este es entonces un álbum sin la rabia adolescente y descarnada The Suburbs (2010),  sin la potencia carnavalera y caribeña de Reflektor (2103), pero si con la frescura de una propuesta que llama al sonido del bajo de la música disco y a la actitud del chico malo que, por encima de todo, debe mantenerse cool.

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Con motivo de este esperado acontecimiento musical, hemos querido repasar la discografía de Arcade Fire para presentarles nuestras canciones favoritas de cada uno de sus cinco álbumes.

FUNERAL (2004) / HAITI

Funeral (2004), álbum debut de la banda, resultó ser un gran éxito de crítica y ventas que, sin proponérselo, los posicionó como una de las bandas indie más importantes del momento, haciéndolos, a su vez, merecedores de un gran numero de reconocimientos. El título del disco, así como el aura oscura y melancólica de lo caracteriza, hace referencia a una serie de muertes cercanas que los miembros de la banda sufrieron mientras se realizaban las grabaciones. Aunque el sencillo más exitoso del álbum fue Rebelion (Lies), uno de los himnos insignia de la banda, nosotros hemos escogido Haiti como nuestra favorita. En esta canción Régine Chassagne, vocalista de la banda, hace un homenaje a su ascendencia haitiana y a los muertos de la dictadura de Duvalier.

NEON BIBLE (2007) / MY BODY IS A CAGE

El segundo trabajo discográfico de Arcade Fire, Neon Bible (2007), salio a la luz el 5 de marzo de 2007 aun con mayor éxito comercial que Funeral (2004). La mayoría de las canciones fueron grabadas en una iglesia comprada y renovada por la banda en Farham, Quebec, razón por la cual conceptos como la doctrina de la iglesia cristiana y los medios como religión, así como la fuerte presencia musical del órgano, caracterizan el disco. Hemos escogido My Body is a Cage, canción que cierra de forma épica el álbum y que sirvió de inspiración para uno de los mejores videos aficionados que circulan en la red y que aquí les presentamos. A algún genio se le ocurrió montar el final de uno de los mejores westerns de la historia, Érase una vez en el oeste (1968) de Sergio Leone, con la canción de Arcade Fire y el resultado es esta pieza doblemente épica.

THE SUBURBS (2010) / SPRAWL II (MOUNTAINS BEYOND MOUNTAINS)

Hace ya siete años, en agosto de 2010, Arcade Fire sacaba a la luz su tercer álbum. The Suburbs (2010) representaría para la banda su consolidación definitiva como una de las agrupaciones de rock más importantes de nuestros tiempos. Sorpresivamente, este disco ganó el Grammy a mejor álbum del año en 2011 derrotando a artistas como Eminem, Lady Gaga y Katy Perry. En este caso, el paso de la adolescencia a la adultez y la vida detenida de los suburbios fueron los materiales a partir de los cuales la banda moldeó su concepto musical. Nos quedamos con Mountains Beyond Mountains, uno de los mejores sencillos de toda la discografía de Arcade Fire.

REFLEKTOR (2013) / AWFUL SOUND (OH EURYDICE) y IT’S NEVER OVER (HEY ORPHEUS)

Reflektor (2013) se estrenó el 28 de octubre de 2013 con una novedad particular: la participación de James Murphy de LCD Soundsystem como productor musical. Bajo la influencia de la música tradicional haitiana, el mito de Orfeo y Eurídice y algunas lecturas Søren Kierkegaard, Arcade Fire confeccionó el que, a nuestro juicio, continúa siendo su mejor álbum. La mezcla sutil e inteligente entre ritmos caribeños, letras desgarradoras y la fugaz pero poderosa aparición de David Bowie, entre muchas otras cosas, hace de este un disco casi perfecto. Nosotros preferimos particularmente la segunda parte del álbum de la que se desprenden dos canciones que pueden funcionar como una: Awful Sound y It’s Never Over,  en las que se les da voz a Orfeo y Eurídice y a su trágica historia de amor.

EVERYTHING NOW (2017) / ELECTRIC BLUE

Finalmente hemos llegado al 28 de julio de 2017 y al estreno del álbum que nos convoca en esta entrada del CarreteBlog. Solo resta que ustedes lo escuchen, lo disfruten y de paso se sumerjan nuevamente en las canciones de Arcade Fire. Nosotros nos hemos decantado por nuestro especial afecto por la voz de Régine y este sencillo que nos recuerda a Haiti y Mountains Beyond Mountains, y en cuyo videoclip pareciera que se estuvieran recogiendo los restos del carnaval de Reflektor (2013): Electric Blue es la mejor canción de Everything Now (2017).

 

 

STALKER, EL ACECHANTE, LA FALTA DE FE

por el Señor X

Introducción

  • Si tuvieras un deseo, cuál podría ser.
  • Qué te puedo decir, no sabría que decirte. Antes… yo no deseaba nada, no tengo ningún sueño, y si lo tuviera no se haría realidad. Yo solía soñar, hacer planes, pero nada de eso sirvió y ahora no creo en nada. No volveré a pensar en eso, y no soñaré con nada nunca más.
  • ¿Crees en Dios?
  • No creo en nada ni nadie. Y no creo en ti tampoco.

Adam Curtis, director del documental HyperNormalisation (2016), del cual he extraído esta breve entrevista hecha a una mujer soviética en los años 70 mientras realizaba algunas labores domésticas, sintetiza el malestar general de una sociedad a la que no le importa nada, que se ha acostumbrado a las penurias como quien se acostumbra al mal sexo, a la mala comida, a las malas amistades, al mal clima, al mal en general, a la mediocridad; la costumbre de una vida vivida a medias. Para él, el escepticismo del pueblo soviético de finales de los años 70, a tan solo una década del declive absoluto de la unión – además de otros elementos del contexto político mundial de aquel momento, como el fin de la fantasía hippie y el nacimiento del extremismo islámico en el mundo árabe – marca el primer augurio de la debacle moral de nuestros días, el cataclismo de un mundo que ha dejado de sorprendernos… Que se atreva a venir Cristo por segunda vez para ver si nos importa. Que se atreva a aparecer el demonio con sus cachos y su tridente para ver si nos inmutamos ante ello. Que estalle el sol y que estalle la Tierra para ver si nos damos cuenta. No importa nada… En Canadá podrían escoger a un reno como primer ministro y no nos detendríamos realmente a analizar qué coños ha pasado. ¡El mundo ha muerto y no nos hemos dado cuenta! Permítanme suministrar este dosis de dramatismo barato por un momento, se los pido. Un acontecimiento demasiado grande ha sucedió en Bogotá esta semana y por ello he querido analizar el estado del mundo. Se ha presentado en salas de cine, gracias al festival IndieBo, en pantalla grande, restaurada y con el mejor sonido posible, Stalker (1979) de Andrei Tarkovski, la mejor peor película de la historia, o la peor mejor película si se quiere, o simplemente la mejor, o la peor… nada importa. El estado del mundo es este: ya no hay mundo, ya nada importa. Este pobre texto, que nada vale, que nadie debería leer, será el testimonio de mi fe en la falta de fe. He visto a Dios nuevamente y ya no le he creído. Ya no hay espacio para ti en este mundo, hermano Andrei: nos hemos ido a la re-contra mierda.

No por casualidad, Curtis se vale de Stalker y del texto en el que se basa, Roadside Picnic (1972) de los hermanos Strugatski, para darle forma a su teoría sobre la híper-normalización – término nacido en la Unión Soviética, a propósito – y dilucidar las causas de nuestra falta de contacto con el mundo de la política y de las finanzas, de nuestra torpeza democrática y nuestro absoluto desinterés por un mundo que, como he dicho, se ha ido a la mierda. En la película de Tarkosvki el mundo también se ha ido a la mierda. Todos han perdido la fe, nadie sabe qué hacer consigo mismo. Todo el mundo está buscando respuestas a preguntas jamás hechas. Todo el mundo ha perdido el norte, el sur, el piso, el cielo. Todos flotan como globos errantes. Solo uno, probablemente el último de los hombres de esperanza, sigue de pie, atado al mundo: el acechante, Stalker. Este hombre ha puesto toda su fe en la Zona: el conjunto de una topografía que varía y se comporta como una gran arena movediza, como un gran espejismo que se introduce en sus visitantes para hacerlos dudar de sus pasos. Una isla en el mundo intervenida por presencia extraterrestre, que se ha vuelto la obsesión de miles de ilusos que van a allí esperando encontrar el sentido de sus vidas, recuperar algo de su persona o cumplir sus deseos más añorados. Esa tal Zona es la falsa profecía del señor, su espejismo materializado. O puede que la Zona no sea absolutamente nada más que una trampa construida mentalmente por el hombre; puede que simplemente sea la vida misma. Lo cierto es que la Zona es especialmente importante para Stalker, quien convencido de que puede curar las penurias de sus hermanos humanos, los lleva allí para ayudarlos, para aliviarlos, batallando consigo mismo, con sus propios quebrantos de fe. Ojalá existiera tal Zona en el mundo real. Ojalá yo pudiera hacer tal viaje sin propósito para hallar el sentido de la vida, el corrompido orden que nos une y nos mantiene juntos en este mundo muerto. Ojalá pudiera encontrar a Stalker, pedirle que me guíe. ¡¡¡Señor, por favor, llévame a la Zona!!!

Un pequeño diálogo

“Es siempre a través de una crisis espiritual que uno se cura. Una crisis espiritual es el intento de encontrarse uno mismo y de adquirir una nueva fe” (1993, p. 192)

Oh!, hermano Andrei, el tiempo de la crisis ha pasado. La crisis se ha vuelto nuestra normalidad. Qué nueva fe ha de ser hallada si todas las posibilidades de cambio han sido agotadas o ignoradas para siempre. Si toda esperanza ha sido removida por la comodidad de los productos, de los ricos productos que infestan nuestra vida infeliz, los ricos productos que comemos, que vestimos, que usamos, nos aplicamos, leemos, oímos, nos embadurnamos, botamos, reciclamos, vomitamos, aspiramos, conducimos, volamos, tripeamos… Toda nuestra fe ha sido volcada enteramente en ellos y sus gestores: los mercados y su eterna inestabilidad, su enigma sin descifrar. Quién carajos en este mundo entiende a los mercados. Quién se atreve a dudar de ellos. Nuestra esperanza ha sido puesta en ellos sin más posibilidad de retorno que el desastre. Ahora lo comprendo: si ha de existir una Zona como la de Stalker en nuestro mundo, esa sería la inhóspita topografía de los mercados. Ellos rigen el mundo y representan la vara con la que medimos nuestras posibilidades, nuestra mediocridad.

“La libertad significa aprender a exigirse a uno mismo, no a la vida o a los demás, y el saber cómo dar: sacrificarse, pues, en nombre del amor” (1993, p. 182)

Oh!, hermano. Ese es precisamente el sacrificio que hace la única mujer que aparece en tu película. La esposa de Stalker accede con dolor a que este la deje de tanto en tanto para visitar la Zona. Accede a su abandono esporádico, cíclico. Accede a criar sola a la hija enferma que le ha dado. Ama profundamente, con intenso dolor, la labor de su marido, su altruismo inocente, su esperanza en los hombres. Ella es la encarnación del amor sacrificado, del amor incondicional, la única esperanza que Tarkovski ha vislumbrado para sanar el mundo. Pero para eso ya tampoco hay espacio en este mundo, hermano. El amor doloroso no vale la pena. Lo hemos domesticado y digerido en un amor cómodo, dulce, tierno, fácil, ocioso, sin compromiso, sin sufrimiento. Esa figura del amor incondicional, el amor que implica sacrificio y dolor, ha desaparecido en nuestros días:

“El amor se positiva hoy para convertirse en una forma de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables (…) Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída” (2014, p. 25).

Son palabras de Byung-Chul Han, quien ha diseccionado la pereza del mundo, la muerte del amor, hermano.

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Tu idealismo se ve hoy tan ingenuo, tan pueril. Has muerto joven y bien has hecho, porque el mundo se ha quedado demasiado chico para ti. Es el tiempo de los magnates, de la grandilocuencia, del resplandor de la mugre, de la falsa verdad y la verdad falsa, de lo express, de lo instantáneo, de las soluciones rápidas, de las no-soluciones, de la normalización de los problemas. El tiempo de los trenes bala y los edificios kilométricos. El tiempo de las ciudades fálicas. Es el tiempo del héroe-bufón, del soberano-bufón, del bloguero, del instragramero, del twittero, del facebookero,  del youtuber: nuestras nuevas figuras de autoridad y respeto, nuestros ídolos, nuestros santos, vacas sagradas que nos dan leche dulce y caliente cada día; qué sería del mundo sin ellos. Como he dicho antes, es también el tiempo de los mercados, de su rotundo silencio. El tiempo de la fe en la falta de fe. No es el tiempo del amor, ni de Dios, ni de ti, Tarkosvki. Nadie cree ya en tu búsqueda de la dignidad humana, en tu búsqueda de la felicidad.

Stalker finaliza con el retorno de estos tres hombres a su punto de partida. Su retorno de un viaje en el que no han hallado nada, en el que se han revaluado sus vidas, sus miedos, pero del que no han aprendido nada. Solo los ha sorprendido la incrédula obstinación de esta mujer que ama con tanto dolor y devoción a su esposo, a cambio de su malograda indiferencia hacia ella. Solo nos abruma su sacrificio, esa cosa indecible, vedada, oculta en los días que corren. La labor del acechante ha sido en vano. Ha guiado a estos hombres a la luz y ellos no la han visto. Aunque te empeñes en decirlo, en afirmarlo, hermano, tu esperanza también se alcanza a diluir: el amor sorprende fugazmente, luego se desvanece.

Por otro lado, yo tampoco he logrado ver dicha luz, hermano, ¡Señor! ¿Dónde se halla la luz? ¿Qué debo esperar de ella? ¿Qué hay que hacer para ser digno de ella si en realidad no me importa? ¡Solo quiero salir del atolladero, Señor! ¡Pero a la vez quiero vivirlo un poco más! Estoy tan cómodo, tan a gusto, tan infeliz, tan protegido y dolido a la vez. La verdad es que me invade la culpa. Ni siquiera puedo mostrar mi rostro para escribir esto, no puedo revelar mi nombre. Tengo tanto miedo de ser descubierto. He difamado tantas veces de ti en el pasado, hermano Andrei. Te he llamado aburrido y coñazo. He aparentado no captar nada de lo que haces cuando en realidad me has tocado el corazón. Espero algún día tener el valor de dar la cara, pero por ahora firmo este texto miserable como lo que soy, el Señor X.

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A propósito, para el curioso o el sapo, Stalker se proyectará nuevamente hoy sábado a las 9:15 p.m. en el Centro Comercial Avenida Chile. Ya no debe haber boletas, pero igual, nada importa ya.

 

Bibliografía

  • Han, B. (2014) La agonía del Eros. Raúl Gabás (Trad.)
    • Barcelona: Herder Editorial, S.L.
  • Tarkovski, A. (1993) Esculpir el tiempo. Miguel Bustos García (Trad.)
    • México DF: Universidad Nacional Autónoma de México

PAMBELÉ: LA NARRACIÓN DE LO POBRE

por sergio barón

 

Pambelé, el más reciente estreno de RCN, comienza con lo que debería ser su clímax: la consecución del primer título mundial de Antonio Cervantes ante el panameño Pepermint Frazer en 1972. El primer capítulo gira entorno a este suceso y es el pistoletazo de salida que nos introduce en el retrato televisivo del mayor boxeador en la historia de este país. Este es, por lo tanto, un producto más en esa nefasta serie de telenovelas basadas en las vidas de íconos populares colombianos. Kid Pambelé es el personaje idóneo para este tipo de propuestas. En él se conjugan los dos extremos de nuestros fetiches y fobias: el éxito desmedido y la miseria más atroz. Es el típico personaje del que nos gusta hablar, al que nos gusta juzgar y alabar por igual. No podemos hablar únicamente de sus triunfos pues estos acarrean consigo la mancha de las drogas, el alcohol, los excesos, la pobreza, el escándalo. Los creadores de esta telenovela parecen tenerlo en mente. Torpemente van apareciendo insertos del pasado de Cervantes mientras este enfrenta la pelea de su vida en el cuadrilátero. Lo vemos como un niño explotado laboralmente, descalzo en las calles sin pavimentar de su pueblo. Luego lo veremos rebuscándose, yendo a la cárcel por un crimen menor, enfrentándose a las injusticias sociales de su contexto. Es una necesidad obsesiva por constatar la pobreza del ícono, las tragedias de su vida. Debe quedar claro de entrada que este que lucha por un título mundial de boxeo fue alguna vez un niño pobre, sin nada. Alguien que, incluso en el triunfo, no puede desprenderse de su pobreza, la cual arrastra consigo como un tatuaje o como una cicatriz.

Este tipo de shows explotan ese orgullo hipócrita que nosotros llamamos patriotismo. Tan pronto como Cervantes gana el título aparece de forma inexplicable – pues no se nos han dado indicios de su presencia en el lugar hasta el momento – un grupo de tamboras tocando cumbia y llevando banderas colombianas para celebrar la victoria. El resultado es una representación fácil de una tradición cultural perdida que ya nadie entiende realmente pero que todos asumen como suya. La televisión privada inundó sus parrillas de programación con estos contenidos (“series” como las llaman) que no son más que réplicas del formato melodramático de las telenovelas. Es así como se ha explotado la imagen de ídolos populares como Diomedes Díaz, Marbelle, El Joe, las hermanitas Calle o Helenita Vargas. Sus vidas son fácilmente adaptables a este tipo de formatos que narran una tradición de lo pobre en nuestro país. En ellas se encarna nuestro ADN, nuestra verdadera identidad: la lucha de clases. Es lo que vemos en cada contenido televisivo, en cada emisión de los noticieros. El pobre que con su nobleza desinteresada quiere salir adelante y se vuelve héroe para los demás.  El pobre que le “está poniendo el alma” y que debe enfrentarse al mundo que lo quiere ver caer. El rico que se humilla a sí mismo apareciendo borracho en público. El rico que comete los peores vejámenes posibles y cuyos crímenes adquieren visibilidad en la medida en que su fama influye en los medios. Es la reproducción perpetua, el ciclo sin fin, del clasismo que nos identifica.

Contra los códigos televisivos no hay mucho que hacer. Aceptar la derrota sabiendo que en la mente de los programadores están fijadas unas metas de consumo que deben ser colmadas, lo que restringe el margen de maniobra para la creación de contenidos. Habría que, por lo menos, equilibrar la balanza temática de estas novelas. Asumir el clasismo como nuestra verdadera identidad, como slogan nacional. Ubicarnos ahora desde el bando de la oligarquía. Endulzar aún más ese gusto por la lucha de clases haciendo una narración de la riqueza. Hundirnos en esa miasma hasta donde sea posible. Lo canales privados deberían asumir el riesgo y hacer un ejercicio de constricción para decidirse a narrarse a sí mismos, a sus dueños. Por qué no hacer una telenovela, algo como una saga, sobre la familia Lleras, sobre los Santo Domingo, los Sarmiento, los Eder, sobre Rojas Pinilla o Carlos Ardila Lulle. Hacer telenovelas sobre la vida hedonista de la clase dirigente, sobre sus salvajadas, sus secretos. Explotar al máximo ese morbo que nos motiva cada día. El morbo por la celebridad y la fama, por el escándalo en el que ricos y pobres no se distinguen. Proponemos incluso abusar hasta el cansancio de esos nombres propios que nos sirven de ídolos y tiranos para enriquecer nuestra cultura de clases. Hace falta ver la telenovela sobre el payaso Bebé, la de Nairo, la de Rigo, la de Patricia Teherán, la de Elkín Díaz, la de la Gata, la de Andrés Felipe Arias, la de Tirofijo, la del hijo de Fernando Botero y el proceso 8.000, y la de tantas otras celebridades que alimentan nuestro morbo y nuestra plática de borrachos.

Por lo pronto, Pambelé se estrenó esta semana, tras un par de años en los que RCN no sabía qué hacer con este proyecto, con índices de audiencia mediocres. Ni siquiera en la ficción Antonio Cervantes podrá encontrar algún tipo de redención ante este país de morbosos y hienas que hemos creado una conciencia colectiva sobre su imagen. La imagen de un boxeador ejemplar que arrojó su carrera a la basura a cambio de excesos. La imagen de un desahuciado, de un pobre, que alguna vez fue el rey del mundo.

 

PENSAR, JODER Y HABLAR MIERDA

De forma breve, poco ortodoxa, en desorden y expectantes ante lo que esté por venir – pues no estamos muy seguros de qué es exactamente lo que ocupará nuestras líneas en los próximos meses – inauguramos hoy, una semana después de nuestra primera entrega, la nueva faceta de este blog, nuestro CARRETE BLOG. Este será un espacio para la charla, la discusión, la confrontación, la polémica, el comentario ameno, el comentario amargo, el texto paneludo pero apasionante, el texto ligero y de sobremesa, el texto académico, el texto sobre otros textos, el texto sobre cine, sobre música, sobre teatro, sobre arte, sobre lo alternativo, sobre lo tradicional, sobre la mal llamada (pero siempre valiosa) oferta cultural de Bogotá y, por qué no, la de nuestro país, la del continente y la global. Un espacio para las listas, los tops, las primicias, las buenas nuevas, las buenas viejas, la crítica, la efeméride, la epístola, el obituario, los aforismos, las sandeces, la diatriba, el gag, el mal chiste, el chisme, el sarcasmo, el tratado, la meditación, la reflexión, la especulación. Espacio para el parche y el desparche. Para agendarnos, conocernos, enfrentarnos, acercarnos, escucharnos, encarretarnos. Espacio para tertuliar, para divagar, para hablar bonito, para hablar mierda y para echar carreta. Espacio para la corrección y para la insurrección. Para enriquecer la discusión cultural, pero también para joderla cuando haga falta. Espacio para alabar o adorar triunfos y fracasos por igual.

Sobre todo (no nos avergüenza admitirlo) este será un espacio para la auto-promoción, pues la promoción es cosa fundamental para «triunfar» en estos días del emprendimiento. Días en que todo, desde el puesto de empanadas de la esquina hasta la vida privada del tío soltero, se gestiona como si fuera una empresa de gran factura, una mega-industria. Sabiendo esto, y siguiendo los concejos de los gurús más renombrados del coaching  y el management, decidimos explotar, potenciar y sacar provecho de lo que, a nuestro juicio, mejor sabemos hacer en nuestro tiempo libre: pensar, joder y hablar mierda. Estas cualidades únicas, volcadas en la creación de este blog, serán nuestro boleto al éxito.

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Dicho esto, deben esperar algo de auto-indulgencia y mercadeo ENCARRETE de nuestra parte, será un pequeño precio a pagar. Esperen también un poco de desorden, de caos y de azar en nuestros contenidos, pero siempre una buena forma de entretenimiento y de desparche. Nos haremos manifestar cada sábado a menos que nuestra apretada agenda, la improbable carencia de temas de interés, el cansancio, la resaca o la pereza nos lo impida. Estén atentos a todo lo que se avecina en las próximas semanas (BAM, Indiebo, Paul McCartney, Pambelé, Bojack , entre otros) pues seguramente será objeto de discusión en nuestro blog. Por lo pronto los dejamos con la noticia musical de la semana, del mes, del año: Arcade Fire estará en Bogotá el 5 de diciembre y allí esteremos nosotros, como cada semana, buscando señales de vida:

RYOJI IKEDA: LA EXPERIENCIA DEL INFINITO

por Sergio Barón

En una entrevista del 2011 para The Observer, una de las pocas que ha dado a lo largo de su carrera, Ryoji Ikeda recomienda lo siguiente: “Artistas; es mejor no decir absolutamente nada”. Aunque obligado a responder las preguntas de algunos periodistas, Ikeda ha manifestado en varias ocasiones su reticencia a dar pistas para la lectura de su obra. Es una negación manifiesta a guiar la atención del público hacia algún concepto en particular. Él mismo se ha referido a su obra como “práctica, no conceptual”; toda interpretación es posible, válida. Esto se debe a que Ikeda apela al cuerpo del observador, a la conjunción de todo lo que este puede abarcar en una convulsionada era de la información. En su obra emana un océano de todo lo que ha sido dateado por el hombre, de todo lo que se ha podido rastrear y localizar en el universo. Una ola gigantesca de información sensitiva compuesta (u originada) de bits, de fotones, de partículas. Y si algo puede decirse con certeza de su obra es que su interpretación será siempre rotundamente subjetiva, como rotunda es la unicidad el cuerpo sensorial del observador que se sumerge en ella. Por lo tanto, podemos decir que nada de lo que a continuación se redacta es definitivo o preciso; puede resultar incluso fútil. Lo que nos interesa es dar testimonio de la monumental experiencia de su obra con el motivo de su reciente visita a Bogotá y de la presentación de Superposition, una de sus últimas creaciones.

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Superposition se inspira en los fundamentos de la física cuántica, en el entendimiento de la naturaleza desde una escala atómica y el análisis de las partículas elementales que componen el universo. Desde su formulación la mecánica cuántica ha planteado cuestiones que siguen sin resolverse. Una de ellas es la violación del principio de localización de las partículas. Al ser observadas o medidas a escala atómica, algunas partículas resultan ser impredecibles. Tan pronto como se determina su posición en el espacio esta cambia sustancialmente, por lo que es imposible formular una medida exacta y, en cambio, el resultado debe basarse en probabilidades. El mismo Einstein llamó a esta cualidad de la física cuántica un “sin sentido”. Superposition se alimenta de esta absoluta imposibilidad de la naturaleza atómica para hallar una posición determinada de las partículas,  además de la aleatoriedad que implican muchos de estos procesos. Se inspira también en el flujo de datos informáticos, en la matemática como forma de comprender y justificar la naturaleza. Los elementos con los que Ikeda construye sus obras suelen ser el resultado de la conversión de flujos de datos cibernéticos en información sonora y visual. Son composiciones donde aparece el bit en su forma más pura y elemental, ondas sinusoidales básicas, el sonido electrónico en su absoluta desnudez, torrentes numéricos en pantalla, textos que se superponen y se vuelven ilegibles: imagen y sonido se disuelven en una gran ola sensorial.

En este caso dos intérpretes se sientan en los extremos de una gran mesa, que a su vez se ubica sobre un pedestal que ocupa todo el escenario. Ellos son a la vez observadores, actores y conductores de esta obra. La presencia de los dos – un hombre y una mujer, ambos trabajando y elaborando distintas acciones por separado, ajenos a lo que hace el otro, como si ejecutaran versiones distintas de la misma obra – sedimenta la fragmentación que atraviesa toda la pieza. Una fragmentación que determina también la presencia de múltiples pantallas y focos de atención en el escenario. Ikeda distribuye el espacio como una pirámide: una pantalla inmensa que en ocasiones se parte a la mitad, dos artistas delante de ella, 10 monitores distribuidos horizontalmente bajo ellos, 10 monitores aún más pequeños debajo de los anteriores. Es una fragmentación abrumadora pues cada pantalla es independiente y todos los elementos (imagen, sonido, comportamiento humano, flujo de datos) se superponen.

La pura materia de la información, transformada en flujos numéricos, en puntos cartográficos vacíos, en una serie de bits incesante, se introduce en el cuerpo como una serie de electrochoques, como relámpagos de pura intensidad provenientes de este mega-aparato ingeniado por Itake. Son todas sensaciones inaprensibles. El vértigo con el que imágenes y sonidos aparecen y se multiplican hace que todo se vuelva un gran borrón sensorial del que es imposible aprehender ninguna imagen concreta, ningún mensaje, ningún concepto posible. Mientras vemos la obra solo podemos pensar en multiplicación y proliferación, en división infinita. Cada elemento es una partícula que se descompone en más partículas, una sucesión de fragmentaciones perpetuas. La experiencia de Superposition se vuelve así en la pura experiencia del instante presente.

Es por esto mismo que surge una inmensa dificultad para hablar de esta obra. No se puede describir a cabalidad, con justicia, la experiencia de una obra enteramente sobre el presente. Ikeda se agota en las palabras, en el lenguaje. Él mismo aspira a crear un lenguaje aparte, nuevo, absolutamente suyo. Hay que aceptar el hecho de que forzosamente estamos pasando algo por alto, de que estamos ante la presencia de algo demasiado intrincado y multipolar. Ikeda se apropia de esa sensación de imposibilidad, determinada por la desterritorialización de las partículas subatómicas, para trasladarla a una pantalla de video quebrantada, deslocalizada, y a una pista sonora que raya en el límite de lo audible.  La dificultad se manifiesta también a la hora de clasificar a Superposition como evento o espectáculo: ¿es un concierto de música electrónica? ¿Un performance en vivo? ¿La proyección de una pieza visual en un teatro? ¿Una instalación multi-canal?… Es todo esto a la vez.

Por otro lado, Ikeda hace una aguda y tenaz anotación sobre la violencia de lo digital en el mundo contemporáneo, sobre la proliferación de múltiples pantallas que distribuyen nuestra atención de forma caótica, sobre la apabullante y actual relevancia de los sucesos que se registran en vivo (en un momento los movimientos de las manos de los intérpretes son registrados en vivo y proyectados sobre la pantalla principal). Pero, como hemos aclarado anteriormente, esto son diatribas que dan cuenta de nuestra experiencia frente a la obra. Hay algo más que puede adjudicar algún tipo de consenso frente a esta y todas las obras de Itake: la sensación de que estamos ante la presencia de algo mucho más grande que nosotros. La presencia del monolito de la información digital que rige nuestros días. La presencia de una vastedad sin forma a la que Itake ha dado cuerpo. Una vastedad que crece exponencialmente, que se engrosa de forma imparable y que parece fuera de control: una vastedad sin fin. Superposition es entonces la experiencia del infinito.

 

JOSE LUIS HERRERA (Comerciante)

Él es Jose Luis Herrera. Trabaja al lado de la plaza de mercado del barrio las Cruces los domingos y festivos. Vende relojes, pasadores, cargadores y otros utensilios. Conoce un poco de este personaje en la secuencia documental del Carrete web

Y si quedaste con ganas de más mira el capitulo estreno de esta segunda temporada del Carrete web. Clic aquí.

Mamá Encarrete

¿Encarretando “Parches”?

Encarretados quedamos  cuando decidimos tomar nuestras maletas y una cámara para ‘parchar’ en  las calles del centro de Bogotá.

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¿Y ustedes qué hicieron esta semana? Nosotros nos fuimos a buscar  esas personas que se identifican con nosotros.

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Quedamos sorprendidos… risas, historias y personas increíbles se Encarretaron, y decidieron hacer parte de nuestro vídeo promo.

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Aquí les dejamos un resumen  de la experiencia.

Hellen Karolina Rodriguez

 

 

 

Encarretate con Jazz Mirror

¡Jazz Miirror no para!

 

La encarretada agrupación está pisando fuerte en la escena musical de Jazz en Bogotá. Luego de presentar su   propuesta musical y contar con el respaldo de su trayectoria por teatros, establecimientos y festivales, ha logrado que muchas personas apoyen e impulsen su camino en la industria.

 

 

Este 9 de marzo  a las 9:00pm, Luigi Marroquín, líder de la banda, deleitara a su público con un recital en Story Ville.

Por ahora los dejamos con su último video-clip realizado con Encarrete.

 

 

 

Hellen Karolina Rodriguez

 

 

Encarretate con nuestro artista recomendado «Sailent»

Encarrete “Impulsa tu Identidad” y con Sailent no podía ser la excepción.

Jefferson Palacios, o Sailent, es un joven bogotano que desde muy temprana edad demostró su talento como cantante, perteneció a la agrupación“Club Ring” y luego decidió incursionar en este medio como solista.

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Con el estilo Hip Hop -Reggae, Sailent nos muestra sus raíces artísticas. Buscó nuevas oportunidades para dar a conocer su talento y como resultado obtuvo “My Angel”, una canción de su autoría, en la que se presenta una propuesta musical romántica con la que muchos posiblemente se van a identificar.

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Encarretate, conoce nuestros artistas y un sin número de experiencias.

Hellen Karolina Rodriguez

Pa´Encarretarse con Trip hop

Deleita tus oídos con esta propuesta que le dará a tu parche momentos de relajación y buen ambiente:

Los dejamos con algo de Trip hop.

 

Los inicios del Trip Hop se remontan a  clásicos como el jazz, rap  alternativo y un poco de rock alternativo. Su  origen es de Reino Unido-Bristol de 1990. Sin embargo la descripcion de este  género musical,  no se ha logrado hacer  de manera precisa. La electrónica y el hip hop son los estilos que han hecho de esta tendencia europea un hit.

Es toda una experiencia sensorial.

 

Cada uno de estos cantantes y otros exponentes, a su estilo, buscan mejorar y diferenciar  aún más este género,  brindando un sin número de efectos experimentales  con cada matiz, alineación o combinación de instrumentos. Entre sus representantes más destacados encontramos a Massive attack, Portishea, Tricky, Morcheeba y Lamb.

 

Queremos brindarte la mejor opción a la hora de salir de la monotonía en la música, así que propuestas alternativas se toman las líneas de nuestra Encarretada página web.

Hellen Karolina Rodriguez Guzman